Partido Comunista de la Federación de Rusia, Guennadi Ziugánov: el programa de la Victoria


«En las estepas de Donetsk y en las orillas del Dnieper, hoy se juega el destino de Rusia y el destino de Europa y Asia. Debemos admitir que nuestro país tuvo que entrar en este conflicto sin su potencial anterior. Una operación militar de tal magnitud requiere la fortaleza no sólo de las fuerzas armadas, sino de todo el sistema económico, social, educativo y cultural. «

«El milagro económico ruso”, prueba inequívocamente que la modernización leninista-estalinista fue el mayor avance social y económico en la historia de nuestra patria. Y debe servirnos de referencia fundamental para definir un nuevo rumbo para el país.«

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En 2022, teníamos la esperanza de que este año fuera recordado como el año de una gran y hermosa celebración: el centenario de la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El centenario del Estado más grande, que fue el primero en el mundo en basar su política en la justicia, la igualdad, los derechos humanos y la dignidad del trabajo, la protección de la madre y el niño, y la amistad, la fraternidad entre los pueblos. Pero la historia ha hecho severos ajustes y nos ha presentado los desafíos más serios de las últimas tres décadas, cuando traidores y renegados, aliados con nuestros enemigos externos, llevaron a cabo la criminal destrucción del país soviético.

En respuesta al deseo de Rusia de bloquear los planes agresivos de la OTAN, que durante años ha reforzado su control sobre nuestras fronteras, para proteger la soberanía y la seguridad de las repúblicas populares de Donetsk y Luhansk y para liberar al pueblo ucraniano hermano de la junta banderista nazi atrincherada en sus tierras, Occidente finalmente ha perdido su máscara de “socio” y de diplomacia civilizada. Ha declarado abiertamente su disposición a lanzar un golpe mortal contra nuestro país, que considera decisivo en la guerra híbrida anunciada contra nosotros.

Una nación nacida en las batallas

Recientemente se han impuesto más de 6.000 sanciones a Rusia. Esto nunca ha sucedido en ningún país antes. Se ha desatado contra nosotros un sabotaje económico, político e informativo en una escala sin precedentes, cuyo objeto no es sólo obligar a nuestro Poder a abandonar toda pretensión de independencia y de reivindicación de sus legítimos intereses, sino también destruirlo como Estado soberano único. Después de cuestionar la hegemonía criminal del capital anglosajón en el mundo, hoy somos el blanco principal de sus partidarios en Washington, Londres, Bruselas y otros centros del neocolonialismo moderno. Tratando de hacer frente a la crisis más profunda, en la que se hunde inexorablemente el sistema capitalista mundial, los globalistas buscan a toda costa mantener su poder en el planeta. Y para ello no se detienen ante nada, hasta la provocación descarada de la Tercera Guerra Mundial, en cuyo fragor esperan librarse de los problemas insolubles que genera el impasse de la política del capital.

Hace 20 años, en mi libro La globalización y el destino de la humanidad, traducido a muchos idiomas, advertí sobre los alarmantes desafíos que inevitablemente enfrentaríamos en el siglo XXI debido a la crisis del modelo liberal de gobernanza global. Analicé en profundidad las motivaciones agresivas de los imperialistas estadounidenses y sus subordinados. Destaqué la perspectiva del surgimiento de nuevos polos de poder global en la forma de China e India. En ese momento, estos países estaban en el umbral de un rápido crecimiento económico. Pocas personas tomaron en serio a estos países como una alternativa a la hegemonía estadounidense. Pero ahora está claro: la alianza de Rusia con estas potencias asiáticas está acabando con el “sueño americano” de inspiración fascista de un mundo unipolar. El proyecto de deshumanización total de Washington.

La discusión sobre los desafíos que enfrenta nuestro planeta continuó en el libro Rusia en la mira del globalismo. Detallaba la historia de nuestra confrontación política, económica y espiritual con Occidente.

Y en los libros El pivote ruso del poder y El mundo ruso sobre dos ejes he mostrado en detalle que será nuestro país, apoyándose en la gran herencia de la civilización soviética, el que ahora, en el siglo XXI, se encontrará, como ha ocurrido más de una vez antes, en el centro del choque con el imperialismo anglosajón.

La esencia de nuestra oposición al «Occidente colectivo» fue expresada en 1938 por el filósofo alemán Walter Schubart, quien abandonó Alemania después de que los nazis llegaran al poder: «La tarea de Rusia es restaurar el alma humana. Es Rusia la que posee esos poderes que Europa ha perdido o destruido en su interior… Sólo Rusia es capaz de insuflar un alma en la raza humana que perece por la codicia y el egoísmo”.

Hoy, todo esto se confirma ante nuestros ojos.

Las acciones de Rusia y sus aliados encuentran una feroz resistencia por parte de los globalistas que están perdiendo el control del planeta. En esta confrontación, están dispuestos a cruzar todas las barreras políticas, legales y morales. Debemos enfrentar este desafío con valentía, perseverar y vencer. Como siempre hemos triunfado contra los más formidables adversarios.

El hecho de que el desafío actual caiga sobre nosotros en el año del centenario del Estado soviético es profundamente simbólico. El recuerdo de su singular experiencia de victoria nos llena de la responsabilidad de preservar los grandes logros de nuestros padres y abuelos, alcanzados a costa de un esfuerzo sin precedentes y de decenas de millones de vidas. Y nos inspira la fe de que celebraremos el aniversario de la URSS no solo como una fecha solemne, sino también como una fiesta del ingreso a la era de la purificación de la contaminación hostil. En la era de nuestro propio renacimiento.

Nuestro vasto país, infinitamente rico en recursos espirituales y naturales, siempre ha sido objeto de ataques agresivos por parte de los gobernantes de Occidente. La subyugación de las tierras rusas les dio la oportunidad de resolver el problema de la dominación política y económica incuestionada. Pero sus intenciones fueron invariablemente aplastadas por el escudo imparable de la gran Rusia.

Tras el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, los pueblos de nuestro país iniciaron el camino de la construcción de una sociedad de justicia social, libre de explotación y desigualdad. Rusia dejó de ser una parte dependiente del sistema capitalista mundial. Sus colosales recursos fueron puestos al servicio del pueblo, y no de un puñado de “elegidos” amos de la vida. Nuestra patria se convirtió en un faro para los trabajadores de todo el mundo. Su ejemplo único conquistó los corazones de millones de personas en el mundo entero.

El capital mundial no estaba dispuesto a aceptar tal desarrollo. Impulsados por la sed de lucro y el deseo de mantener su dominación de clase, sus agentes comenzaron a organizar una nueva “cruzada” contra Rusia. Esta vez contra la Rusia soviética. Su objetivo era derrocar el poder obrero y convertir a nuestro país en una periferia colonial de las grandes potencias imperialistas.

El 23 de diciembre de 1917, menos de dos meses después de la revolución socialista, Gran Bretaña y Francia firmaron un acuerdo criminal para dividir el territorio del antiguo Imperio Ruso en esferas de influencia. El Cáucaso rico en petróleo y las regiones cosacas del sur de Rusia fueron incluidas en el área de «interés predominante» de Gran Bretaña. Francia deseaba recibir Crimea y la fértil Ucrania con su industria metalúrgica desarrollada. Estados Unidos se sumó al acuerdo anglo-francés y a la preparación para la intervención contra nuestro país. Reclamó Siberia rica en recursos y el Lejano Oriente. Japón también exigió su “trozo del pastel”. El 1 de enero de 1918, trajo barcos de guerra al puerto de Vladivostok con el pretexto de «proteger» a sus súbditos.

Occidente solo podía realizar sus planes si derrocaba al poder soviético. Pero éste se había convertido en un obstáculo insuperable para las ambiciones de la oligarquía internacional. Fueron Lenin y el partido de los bolcheviques quienes lograron salvar al país, salvarlo de la desintegración y la destrucción, defendiendo nuestra patria tanto en la batalla contra la Entente como en la cruenta guerra civil desatada por sus cómplices dentro de Rusia.

El adversario, que quería destruirnos, se enfrentaba a una joven República Soviética, aún no consolidada del todo, pero dispuesta a luchar con valentía, sobre la base de los principios socialistas; de la creencia en los ideales de justicia y fraternidad; de la convicción del pueblo de que la razón estaba de su parte; de su deseo inquebrantable de construir un país cuyas políticas estarían subordinadas a los intereses de la sociedad en su conjunto, no a los de los codiciosos nuevos ricos. El Ejército Rojo no fue el único que se enfrentó al enemigo durante esos años difíciles. Las batallas se desarrollaron entonces en dos frentes: el militar y el económico. Y el país soviético pudo derrotar al enemigo precisamente porque ganó en ambos frentes.

De esta victoria histórica, nació en diciembre de 1922 un gran Estado: la URSS. Dentro de las fronteras del nuevo Estado se unieron pueblos hermanos, pueblos afines que, en su lucha común por un futuro mejor, abrieron una nueva era no solo en su propia historia, sino también en la historia del mundo entero. Juntos debían construir un país poderoso, defenderlo contra la invasión nazi, hacer revivir la patria después de la Gran Victoria y conducirla a nuevos logros y nuevas cumbres.

Una política de guerra contra nosotros

Un siglo después, volvemos a abordar la batalla frente al “Occidente colectivo” con el bagaje del capitalismo salvaje que nos destruyó durante las tres décadas que siguieron al traicionero derrumbe de la URSS. Este terrible bagaje en forma de una enorme pérdida de población, una verdadera catástrofe nacional, una crisis económica, una industria destrozada, un atraso tecnológico, una peligrosa dependencia de las importaciones y una “quinta columna” liberal que conserva una fuerte influencia y ahora está del lado de nuestros oponentes. Todo esto les ayuda a hacer la guerra contra nuestro país. Para mantenernos firmes en esta guerra y tomar el camino sano del desarrollo independiente, debemos deshacernos del cáncer de una política que está en guerra contra su propio pueblo.

Tenemos que llamar a las cosas por su nombre: durante 30 años consecutivos, el sistema socioeconómico que se nos ha impuesto ha actuado como un enemigo interno contra RusiaLa destruyó en los años 90, cuando, en un contexto de “confraternización” con Occidente, caímos en un abismo de degradación. Y continuó con su labor subversiva incluso después de que reclamáramos nuestro derecho a la libertad de los dictados externos, a ejercer una política independiente y restaurar la verdadera soberanía.

Esta política, que se ha llevado a cabo durante todos estos años bajo el dictado de los centros transnacionales del capital global, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, ha causado un daño enorme a nuestro país. Bajo el impulso de estas estructuras, hemos construido sistemáticamente un sistema de capitalismo periférico, condenado al atraso permanente y a la crisis crónica, como lo demostró brillantemente Vladimir Lenin en su obra “El desarrollo del capitalismo en Rusia” a fines del siglo XIX. Casi cien años después de haber sido escrito, el gran país que, gracias al socialismo, había alcanzado alturas sin precedentes en su desarrollo, había sido repudiado en un intento de convertirlo para siempre en un apéndice de Occidente para las materias primas, sin siquiera atreverse a soñar con un desarrollo independiente exitoso.

La privatización depredadora de los bienes del Estado, su transferencia a cambio de una miseria a una oligarquía que, a principios de la década de 1990, se había desarrollado sobre la base de una economía paralela criminal, llevó a la destrucción y saqueo de miles de empresas. Convirtió la mano de obra y los recursos naturales del país en una fuente de enriquecimiento para parásitos codiciosos que no querían invertir nada en su desarrollo. Sus fabulosas ganancias, obtenidas robando a Rusia, se invirtieron en yates de lujo y mansiones en los balnearios extranjeros más caros. Hoy, gran parte de esta propiedad ha sido incautada en Occidente como parte de la campaña de sanciones. Pero los virtuosos «legisladores» extranjeros ni siquiera piensan en devolverlo al pueblo ruso. En primer lugar, nuestro país fue robado por los Gaidars y Chubais nacionales. Y ahora está siendo desvalijado nuevamente por matones extranjeros.

Los cínicos conservadores de la privatización han admitido públicamente durante mucho tiempo que ni siquiera pensaron en algún beneficio para el Estado durante este proceso criminal. Su tarea principal era crear una nueva clase de propietarios a partir de antiguos especuladores turbios, para arrebatar los mayores activos del país de las manos del pueblo y así “poner el último clavo en el ataúd del comunismo”. Pero pusieron traidoramente este clavo no solo en el régimen soviético al que detestaban, sino también en nuestro futuro, que sacrificaron voluntariamente en interés de los enemigos de Rusia. Y hoy están huyendo del país, temiendo la responsabilidad y el justo pago por sus acciones, como Chubais.

Otra consecuencia devastadora del colapso cobarde de la URSS y del sistema soviético es la apropiación rápida y masiva de la industria nacional por parte del capital extranjero. Según la Academia de Ciencias, hasta hace poco tiempo el capital extranjero representaba el 65% del total. Y en varias de las industrias más importantes, la proporción alcanza del 75 al 95%. El control externo de nuestra economía e industria es una de las principales razones por las que la verdadera sustitución de importaciones, repetidamente prometida desde las altas tribunas, no se ha implementado, ni siquiera en áreas estratégicamente importantes, de las que depende directamente la seguridad nacional. Esto es lo que más nos duele en el contexto de la extorsión en forma de sanciones que se ha desatado contra Rusia.

Quienes la orquestaron fueron “ayudados” considerablemente por la política financiera seguida durante todos estos años por el FMI, una política estatal de nombre pero anti-estatal en el fondo. Legitimó una práctica absolutamente aventurera de colocar una parte importante de las reservas de divisas del país en dólares y euros en bancos occidentales. Es decir, en las instituciones financieras de quienes, desde hace mucho tiempo, no han ocultado sus intenciones hostiles hacia nuestro país. Este año, en el marco de las “sanciones infernales”, como las llaman en Washington, que dicta a sus satélites un escenario de guerra económica contra Rusia, hemos recibido de nuestros “socios occidentales” un golpe financiero, del cual el Partido Comunista había advertido hace mucho tiempo. Un peligro que el «partido en el poder» ni siquiera quería discutir. Occidente se ha “apoderado” de casi la mitad de los 640.000 millones de dólares en reservas de divisas extranjeras de Rusia.

A esta flagrante malversación financiera se suma el hecho de que 600 toneladas de oro, toda nuestra producción en dos años, se retiraron de Rusia para almacenarlas en el extranjero durante el período 2020-2021. En la situación actual, este stock nos sería muy útil. Pero también fue sacrificado a la manipulación irresponsable de las reservas financieras del Estado.

La adhesión de nuestro país a la Organización Mundial del Comercio (OMC), que tuvo lugar en 2012 a pesar de nuestra obstinada resistencia y gracias a los votos del partido Rusia Unida en la Duma, tuvo un impacto extremadamente negativo en la economía y la industria. Durante casi 10 años, la OMC ha servido como una barrera “legalizada” a la verdadera sustitución de importaciones y a la seguridad alimentaria y farmacéutica de nuestro país. Cuando nos unimos a la organización, asumimos 23.000 obligaciones adicionales con otros Estados y socios comerciales. Estas obligaciones sólo tenían por objeto destruir la economía y la industria nacionales, socavar su capacidad y operar en interés de las corporaciones y exportadores occidentales, que es el verdadero propósito de la OMC, que fue creada precisamente para servir a estos intereses.

Después de que, sin exagerar, se aprobara por la fuerza la decisión criminal de unirse a esta organización, el Partido Comunista de la Federación de Rusia (PCFR) presentó cinco veces a la Duma un proyecto de ley para salir de ella. Pero no nos escucharon, incluso cuando quedó absolutamente claro que la soga de las sanciones occidentales se estaba tensando y no aflojando.

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¡No demorarse en reparar los errores!

La vulnerabilidad de la economía rusa a intrigas hostiles, prevista por los artífices de las “reformas” de mercado, fue además reconocida en la estrategia de seguridad nacional firmada en julio de 2021 por el presidente Putin. Dice: “Los países enemigos están tratando de utilizar los problemas socioeconómicos de la Federación Rusa para destruir su unidad interna… Cada vez se utilizan más métodos indirectos destinados a causar inestabilidad a largo plazo dentro de la Federación Rusa.

De acuerdo con esta evaluación, hemos hecho un llamado a los líderes del país para que finalmente adopten una verdadera política socioeconómica que esté en línea con ella: efectuar un cambio fundamental de la trayectoria viciosa de la que se ha sometido durante muchos años. El Partido Comunista insistió en que las direcciones fundamentales del presidente, formuladas en sus decretos de mayo de 2012 y 2018 -superar la crisis demográfica, la pobreza masiva, lograr un avance tecnológico y unirse a la lista de las cinco principales economías- no se pueden hacer sin esto. Pero ni siquiera entonces nos escucharon.

Hoy, cuando el enemigo nos empuja implacablemente hacia el colapso económico, ya no es posible retrasar la corrección de los errores sistémicos acumulados. Debemos tomar decisiones duras y basadas en principios que acaben con la práctica destructiva de las “reformas” depredadoras del país realizadas en beneficio del capital transnacional. Cuanto antes se tomen estas decisiones, mejor podremos oponernos a cualquier complot para desestabilizar el Estado ruso y poner de rodillas a nuestro país.

Sí, la economía rusa se ve afectada negativamente por las sanciones impuestas por la postura independiente que hemos adoptado en política exterior. Pero también está claro que solo con la toma de control de la política interna, la movilización y la estrecha consolidación de la sociedad podemos responder a cualquier maquinación desde el exterior. Las dificultades actuales no son comparables al desafío lanzado al país soviético por la Entente que pretendía derrocar a los bolcheviques. Ni con las penurias que lo golpearon en la década de 1940, durante la invasión de Hitler. Y las pérdidas actuales de nuestra economía debido a factores externos tampoco son comparables con las pérdidas sufridas por la economía soviética en la primera mitad del siglo XX.

Pero debe entenderse que la Unión Soviética salió de las peores pruebas y compensó las pérdidas más cuantiosas a través de la economía de la creación y el desarrollo, y que nuestro país no podrá experimentar un crecimiento económico real y una sustitución acelerada de importaciones a no ser que abandone el sistema de putrefacción socioeconómica. La historia reciente de Rusia ha demostrado claramente que el capitalismo criminal-oligárquico puede traer aún más destrucción al país, arrastrándolo a una crisis aún mayor que una confrontación con su adversario militar más formidable.

Al dirigirme a los líderes gubernamentales en un informe de la Duma estatal, dije sin rodeos: el modelo liberal de gobierno está totalmente en bancarrota y obsoleto. La tarea de un desarrollo autónomo y orientado hacia el futuro, del que depende la solución de nuestra supervivencia en las presentes circunstancias, exige que abandonemos decidida y definitivamente este modelo. En las condiciones actuales, no tenemos más remedio que responder a la exigencia de nuestro programa: llevar a cabo una revisión completa de los principios de la gestión económica y social.

Los resultados de una investigación realizada por expertos del Banco Centrales después del anuncio de las “sanciones infernales” contra Rusia prevén que la economía se contraiga en 10% y que la inflación alcance el 20% de aquí a fin de año. Al mismo tiempo, las advertencias sobre una disminución significativa de los ingresos reales y la pérdida de puestos de trabajo son cada vez más persistentes. Sin embargo, no podemos darnos el lujo de desanimarnos y permitir un colapso que podría causar una conmoción social.

El país tiene todas las oportunidades, no sólo de evitar esto, sino también de alcanzar un nivel de desarrollo fundamentalmente nuevo, el cual ha sido impedido por la dependencia de las recomendaciones de las instituciones financieras occidentales y de los capitales extranjeros que ahora huyen de Rusia. Para dar solución a esta tarea histórica, es necesario implementar con urgencia las medidas que proponemos, apoyándonos en nuestro programa de recuperación económica y social “10 pasos para una vida digna”, en la experiencia excepcional del Estado soviético, en los mejores logros modernos de la China socialista, el país de más rápido crecimiento en el mundo, y otros países que resisten con éxito los dictados de los globalistas occidentales. Están en el camino soberano del desarrollo y la creación.

Lo que necesitamos no es la demagogia acerca de la sustitución de importaciones, que nos están sirviendo los administradores liberales impotentes, sino una nueva industrialización, una reactivación de la producción nacional, superando el enorme retraso en áreas como la ingeniería de máquinas herramienta, la microelectrónica, la robótica.

Los grandes propietarios no están dispuestos a invertir en la renovación tecnológica del país. El trabajo de la mayoría de los ciudadanos rusos está claramente infravalorado. Millones de personas están recibiendo lo que solo puede describirse como una miseria. Al mismo tiempo, ven los ingresos generados por su trabajo fluir hacia los bolsillos de los nuevos ricos. Un sistema basado en la explotación, plagado de corrupción y que responde al enriquecimiento fantástico de los oligarcas es incapaz de estimular la recuperación del potencial industrial y el crecimiento de la productividad. Si este sistema persiste, si continúan los intentos de aferrarse al viejo curso, Rusia no podrá asegurar una verdadera independencia y ocupar el lugar que le corresponde en el mundo.

Nuestros próximos pasos deben basarse en un claro entendimiento de que es hora de abandonar decididamente el papel predominante de la banca y el capital financiero en la economía. Tenemos la obligación de asegurar las condiciones para el desarrollo de sectores que creen los valores materiales necesarios a nivel de la sociedad.

Es hora de dejar de alimentar al público con mitos sobre la mano “reguladora” del mercado, sobre los milagros de prosperidad que promete la libre empresa. Para salvar la economía nacional, y por ende el país, hay que acabar con la mentira del fundamentalismo liberal. Debe ser reemplazada por la conciencia de que, en la lucha por la independencia y la seguridad duradera, no podemos prescindir de una nueva y vasta industrialización que exige la máxima movilización de todos nuestros recursos.

Si, en el contexto de las sanciones diseñadas para estrangularnos, el gobierno sigue aplicando políticas destinadas a compensar a los oligarcas y especuladores en lugar de apoyar la producción industrial, la agricultura, la medicina, la ciencia y la educación, no podremos ganar en el plano financiero y frente económico. La economía oligárquica basada en clanes lo ha demostrado una y otra vez: es incapaz de actuar por el bien del Estado y la sociedad, de trabajar en interés de éstos. Y en situaciones difíciles, esto se hace especialmente evidente. Insistimos en que se saque a la oligarquía de la gobernanza económica. Insistimos en seguir el camino de la justicia y el desarrollo.

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La modernidad de los planes de Stalin

La historia no ha conocido hazañas militares y de construcción pacífica como las realizadas por el país soviéticoEn solo cinco años después de la Revolución de Octubre, la joven República Soviética logró recuperarse de una economía paralizada y de una hambruna masiva, de las pérdidas de guerra y de las destrucciones gigantescas, de la pobreza y de las epidemias, para conducir a la Nueva Política Económica y al GOELRO [plan de electrificación de Rusia] y a la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Esta hazaña de trascendencia universal parece aún mayor si recordamos que estos mismos cinco años fueron escenario de pruebas tan terribles como la guerra civil y la intervención de los principales países occidentales. Y habían sido precedidos por los tres años prerrevolucionarios de la Primera Guerra Mundial.

A principios de 1921, la producción industrial en la Rusia soviética era solo el 12% del nivel anterior a la guerra de 1913. La producción de las grandes industrias se había dividido por 7 en comparación con el mismo año 1913. En 1920, se produjo menos del 64% de la cosecha de cereales de antes de la guerra. La mayoría de las minas estaban destruidas. Pocas fábricas y manufacturas estaban en funcionamiento. La devastación reinaba en la ciudad y el campo.

Para comenzar a producir bienes industriales en la URSS durante los años 20 y lograr tasas de crecimiento enormes en los años 30, era necesario construir esta producción desde cero. Para preservar el país soviético, era necesario cumplir la condición más difícil: crecer más rápido que todos los países occidentales, resolviendo simultáneamente problemas de innovación mucho más complejos que los propios de cualquiera de ellos. De hecho, fue un desafío de la misma magnitud que el que enfrentamos hoy. No es casualidad que las palabras de José Visariónovich Stalin, con las que expuso en 1925, en el XIV Congreso del PCUS(b), el objetivo intransigente del avance económico, suenen como si fueran pronunciadas hoy:

“Debemos hacer de nuestro país un país económicamente independiente, basado en el mercado interno… Debemos construir nuestra economía de tal manera que nuestro país no se convierta en un apéndice del sistema capitalista mundial, que no esté incluido en el esquema del desarrollo capitalista como su empresa subsidiaria, que nuestra economía se desarrolle no como una empresa subsidiaria del capitalismo mundial sino como una unidad económica independiente, apoyándose en el entrelazamiento de nuestra industria con la economía campesina de nuestro país”.

Y el país soviético demostró con hechos que era posible realizar esta enorme tarea en el menor tiempo posible.

Ya en 1927, el volumen total de producción industrial en la URSS superó el de 1913. En 1929, al comienzo del primer plan quinquenal, se restauraron o construyeron más de dos mil grandes empresas industriales estatales.

Sin embargo, esto no fue suficiente para garantizar la independencia económica y las capacidades de defensa. Para cumplir con la directiva de Stalin, formulada en el XIV Congreso del Partido, era necesario mejorar fundamentalmente el sistema de gestión de la economía nacional. Por eso, en 1929, la economía soviética comenzó a desarrollarse según planes quinquenales.

En 1931, en la primera conferencia de la Unión de Trabajadores Industriales Socialistas, Stalin, al enfatizar la necesidad de acelerar fundamentalmente la industrialización y la modernización, se dirigió al pueblo en estos términos: «Tenemos entre 50 y 100 años de atraso respecto de los países avanzados. Tenemos que cubrir esta distancia en diez años. O lo hacemos o seremos barridos”.

Este llamado también fue escuchado y puesto en práctica. Y quedó claro no solo para los ciudadanos soviéticos, sino para todo el mundo. En enero de 1932, el periódico francés “Le Temps” declaraba: “La URSS ganó la primera vuelta industrializándose sin la ayuda de capital extranjero”.

El “Financial Times” británico se hizo eco de esta conclusión: “Los éxitos logrados en la industria de la ingeniería están fuera de toda duda… La URSS ahora produce todo el equipo necesario para sus industrias metalúrgica y eléctrica. Se las arregló para establecer su propia industria automotriz. Ha desarrollado una producción de instrumentos y herramientas que va desde las herramientas más pequeñas de alta precisión hasta las prensas más pesadas. En cuanto a la maquinaria agrícola, la URSS ya no depende de las importaciones del exterior… No hay duda de que las enormes fábricas recién construidas garantizan un aumento considerable de la producción de la industria pesada”.

Los resultados de la rápida industrialización, que sacudió al mundo, se han vuelto cada vez más impresionantes a lo largo de los años. El país, donde en vísperas de los cambios revolucionarios de 1917 el 70% de la población no sabía leer ni escribir, habiendo ganado la lucha contra el analfabetismo en los primeros años del poder soviético, se encontraba ahora embarcado en un vertiginoso desarrollo económico y social. Y comenzó a convertirse en una de las principales potencias mundiales.

En la era “post-soviética”, hemos sido testigos de una crisis casi interminable, el deterioro de la economía y la destrucción de la producción de alta tecnología. Mientras que la Unión Soviética había aumentado su producción industrial casi 13 veces en los primeros 30 años de su existencia, por su parte, Estados Unidos sólo la duplicó durante las mismas tres décadas y Gran Bretaña la aumentó en un 60%.

En la Rusia capitalista, el crecimiento económico anual real promedio durante los últimos diez años fue inferior al 1%En la Unión Soviética, en los 12 años anteriores a la guerra, de 1928 a 1940 solamente, la economía creció un 450%. Experimentó un crecimiento promedio anual de 13.8%. ¡Este es un indicador que, a la fecha, no ha podido ser superado por ningún país del mundo!

Debemos estar orgullosos de que ésta sea la historia de nuestra patria. Me siento inspirado por ello en este momento difícil. Estudiar y aplicar en nuevas condiciones su experiencia de heroica movilización, trabajo, solidaridad social y moral de los ciudadanos. Sólo así podremos superar las dificultades de hoy.

Un plan para grandes logros

¡Durante el primer plan quinquenal soviético, el volumen de producción industrial en el país se duplicó! Y en los países occidentales, había caído en promedio una cuarta parte durante el mismo período. En comparación con las cifras que registraba el Imperio Ruso en vísperas de la Primera Guerra Mundial, la producción industrial de la URSS en 1933 se cuadriplicó, frente a un crecimiento del diez por ciento en Estados Unidos durante los mismos veinte años. En 1933, la participación de la industria en el volumen total de la economía soviética superó el 70%. Superaba en un 16% la de 1929 y en un 28% la de 1913. En tres años, la producción de camiones se había multiplicado por cinco y la de automóviles por dieciséis.

En su informe al XVII Congreso del PCUS (b), Stalin resume breve y claramente: “Nuestro país se ha convertido en un país firme y definitivamente industrializado”.

La rápida industrialización estuvo acompañada por un desarrollo cada vez más acelerado de la agroindustria soviética. El equipamiento de la agricultura con tractores se multiplicó por casi 6 durante el primer quinquenio, y el equipamiento con cosechadoras por casi 15. Durante el primer quinquenio, el Estado dotó a las granjas colectivas y estatales de 111.000 especialistas técnicos y agrónomos, cerca de dos millones de conductores capacitados de tractores, cosechadoras y chóferes, más de un millón y medio de brigadistas de campo y ganadería.

Estos logros parecen fantásticos en el contexto de lo que ha estado sucediendo en la Rusia “post-soviética” durante décadas. El mal manejo del mercado ha dañado gravemente al sector agropecuario y a la seguridad alimentaria del país. La ley sobre la compraventa de terrenos, contra la cual protestamos enérgicamente, desempeñó un papel particularmente negativo. Abrió posibilidades casi ilimitadas de transferir tierras a la propiedad privada. Como resultado, la irresponsabilidad de los nuevos propietarios-contribuyentes llevó al hecho de que el 40% de la tierra cultivable rusa hoy no se usa para el propósito previsto. Este problema es particularmente agudo en el contexto de las sanciones dirigidas, entre otras cosas, a crear una escasez de productos alimenticios en Rusia.

Insistimos: es necesario garantizar la seguridad alimentaria en Rusia a nivel legislativo. Y hay que prestar especial atención al sector agrícola. Dotar a los productores rurales de los equipos necesarios y combustible, semillas y fertilizantes. Crear un fondo estatal para apoyar a las empresas agrícolas. Utilizar los mecanismos de préstamos baratos y subsidios directos a quienes trabajan la tierra. Suplir la falta de personal en el campo.

Para implementar estos requisitos vitales, hemos desarrollado una serie de programas destinados a revivir el campo ruso y mejorar fundamentalmente la productividad del sector agrícola. Nuestros principales especialistas, V.I. Kashin, N.M. Kharitonov y N.V. Arefiev, trabajaron en él. Los más importantes se relacionan con las nuevas tierras vírgenes y el desarrollo rural sostenible. El bloque financiero y económico del gobierno ha impedido durante mucho tiempo su implementación. Pero demorar su aplicación en las circunstancias actuales es inaceptable y extremadamente peligroso.

Comparando los indicadores que hablan del atraso industrial de la Rusia prerrevolucionaria con los destacados logros soviéticos, entendemos que un sistema justo y eficiente de gestión económica puede proporcionar al país los avances más formidables.

En 1913, Rusia estaba 8 veces por detrás de Estados Unidos en términos de producción industrial, 3,5 veces por detrás de Alemania, 3 veces por detrás de Gran Bretaña y 1,5 veces por detrás de Francia. La participación de Rusia en la producción industrial mundial en 1913 fue solo del 4%. La economía socialista cambió fundamentalmente la situación. El país se convirtió rápidamente en una de las principales potencias industriales.

Durante el primer período del plan quinquenal, se pusieron en funcionamiento 1500 nuevas grandes empresas industriales. Se crearon industrias enteras: aviación, máquinas herramientas, automóviles, productos químicos, construcción de aparatos, maquinaria agrícola. No podrían haberse desarrollado sin los tremendos logros en la siderurgia, aluminio y acero inoxidable. También fue durante este tiempo que se realizó la mayor parte del trabajo para implementar el plan GOELRO elaborado inmediatamente después de la revolución: la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia. La capacidad de las centrales eléctricas nacionales se multiplicó por 2,5. El plan quinquenal construyó una base económica sólida: industria pesada y agricultura mecanizada.

Las oportunidades y ventajas de la economía planificada socialista se hicieron innegables en aquella época. Todavía lo son hoy. Y es simplemente criminal abandonarlos, mientras Occidente intenta empujar a nuestro país hacia el caos socioeconómico.

En noviembre de 2021, el jefe de estado firmó un decreto «Sobre las bases de la política estatal en el ámbito de la planificación estratégica en Rusia». Finalmente, reconoce aquello en lo que el PCFR viene insistiendo desde hace mucho tiempo: sin una planificación estratégica, es imposible determinar los objetivos realmente importantes del desarrollo socioeconómico que corresponden a los intereses fundamentales del país, y encontrar los medios para alcanzarlos. Más aún hoy, cuando necesitamos tanto la máxima movilización como el cálculo preciso de nuestras acciones. Hacemos un llamado a la implementación urgente de este objetivo. Finalmente debemos hacer lo que venimos pidiendo desde hace muchos años: crear un Comité Estatal de Planificación Estratégica, que coordine este trabajo.

La implementación exitosa de los planes quinquenales soviéticos se basó en un aumento constante de la financiación de los sectores industriales más importantes. El monto total de la inversión de capital durante el primer período de cinco años superó el doble del gasto de los 11 años anteriores. El cincuenta por ciento de toda la inversión de capital se destinó al desarrollo de la industria. Y de esta cantidad, las tres cuartas partes se destinaron a la industria pesada.

Al igual que la URSS de fines de la década de 1920 y principios de la de 1930, la Rusia de hoy, que también debe lidiar con una industrialización y modernización aceleradas, no tiene ni el tiempo ni el derecho de depender de inversores privados, ya sean externos o internos. Una economía que se enfrenta a tales desafíos debe basarse sobre todo en la inversión pública.

Pero en lugar de implementar este principio, el sistema financiero fue privado de sus recursos durante años. Durante los años de “reformas” de mercado, se sacaron del país más de un billón de dólares. Al tipo de cambio actual, esto representa 80 billones de rublos, ¡o casi cuatro presupuestos federales! La salida de capital se ha acelerado especialmente en los últimos dos años, durante los cuales salieron del país 122.000 millones de dólares, o 9 billones de rublos. Insistimos en que los ingresos en divisas de los exportadores rusos se queden en el país y que al menos la mitad de ellos vayan a la Tesorería del Estado. Sin embargo, las autoridades ignoraron la demanda de un control estricto de los flujos financieros. La moneda se exportaba libremente al exterior, donde ahora está congelada por un período indefinido.

Exigimos el fin del modelo viciado de gestión del sistema financiero. No puede plegarse a los intereses antiestatales de la oligarquía y debe trabajar por el desarrollo del país.

La misión esencial del Banco Central debe ser promover el crecimiento económico. Debe incrementarse la responsabilidad del Banco Central por el tipo de cambio del rublo y la estabilidad de la moneda nacional. Desarrollar el uso del rublo en acuerdos con países extranjeros de manera planificada. Restablecer los bancos estatales sectoriales: el banco industrial, el banco de la construcción, el banco agrícola y el banco de ciencia y tecnología. Debemos orientarlos hacia el desarrollo económico y social.

El país necesita urgentemente implementar esquemas de préstamos sin intereses para empresas, garantizados por las autoridades estatales y regionales. Son estas medidas financieras las que se necesitan para reactivar la producción nacional, en lugar de tasas de crédito más altas para las empresas, en las que todavía insisten altos funcionarios liberales.

Rusia debe limitar estrictamente la exportación de capitales y asegurar el proceso de reversión de la deslocalización real de la economía nacional, que se ha prometido durante años sin concretarse en la práctica.

El PCFR desarrolló un programa destinado a mejorar la política financiera estatal y preparó un conjunto de leyes relevantes, en las que trabajaron Yuri Afonin, Nikolai Kolomeitsev, Serguéi Gavrilov y otros miembros de nuestro equipo parlamentario.

El rápido crecimiento de la industria permitió al país soviético eliminar por completo el mal social del desempleo a fines de 1930. Y hasta los últimos días del país de los soviets, nuestros ciudadanos no se encontraron con este terrible fenómeno. El código laboral soviético no solo consagró el derecho al trabajo y prohibió el despido de un empleado sin una razón válida, simplemente por capricho del empleador, como suele ser el caso hoy en día. Este código garantizaba a los trabajadores el empleo en su especialidad, excluyendo la posibilidad de que los conocimientos adquiridos en la educación superior o vocacional no les sirvieran de nada.

Sin embargo, millones de personas en Rusia hoy están desempleadas o no tienen un trabajo permanente. El programa anunciado por el gobierno para estimular el empleo y apoyar a las medianas y pequeñas empresas no se ha implementado realmente.

En 2012, el presidente fijó la meta, en una de sus órdenes ejecutivas de mayo, de crear 25 millones de empleos altamente productivos para 2020. Pero ocho años después, en lugar de aumentarlos, hemos visto una reducción, de 18,3 millones en 2014 a 17 millones en 2020. La razón es obvia: donde no hay desarrollo de sectores económicos avanzados, no puede haber crecimiento en los empleos correspondientes.

Una de las exigencias más importantes de nuestro programa es proteger de manera confiable a los trabajadores contra el desempleo. Urge crear un programa estatal de apoyo al empleo que responda a los desafíos actuales. Sin embargo, esta tarea sólo puede cumplirse con el rápido desarrollo del sector industrial nacional, del cual la modernización leninista y estalinista es un brillante ejemplo.

Una alternativa a la dependencia de las materias primas

Los resultados del segundo plan quinquenal soviético (1933-1937) no son menos impresionantes que los del primer plan quinquenal. El volumen de la producción industrial siguió creciendo al mismo ritmo elevado y se duplicó en cinco años. La producción de electricidad se multiplicó por 2,7. El 80% de toda la producción industrial fue generada por fábricas de nueva construcción o completamente reconstruidas durante el primer y segundo período del plan quinquenal. La productividad laboral industrial se duplicó.

Se puesieron en funcionamiento 4.500 grandes empresas industriales. Entre las principales se encuentran las plantas de construcción pesada de Uralsk y Kramatorsk, la planta de tractores de Chelyabinsk, la planta de vagones del Ural, las plantas metalúrgicas de Novolipetsk y Novo-Uralsk. En 1935 se puso en funcionamiento la primera etapa del Metro de Moscú, que se convirtió en el orgullo del país y el ornamento de la capital.

Durante los primeros años del Tercer Plan Quinquenal, interrumpido por la guerra, el éxito de la economía soviética se convirtió en una prueba absolutamente irrefutable de las ventajas del socialismo. El país ocupaba el segundo lugar en el mundo y el primero en Europa para los principales tipos de industria pesada. Solo en el año 1937-1939 surgieron tres mil nuevas grandes empresas industriales. Se pusieron en marcha centrales eléctricas, refinerías de petróleo, plantas de cemento, plantas de celulosa y papel. El número de obreros y empleados soviéticos antes de la guerra de 1940 aumentó a 31 millones, casi el triple que en 1928.

Al comienzo de la guerra, la URSS ocupó el primer lugar en Europa en cuanto a los principales tipos de recursos naturales y materias primas. Para algunos de ellos, era la primera vez en la historia. Pero en ese momento, las materias primas no se exportaban. Eran utilizadas para el desarrollo económico del país, para la elaboración de productos de alta calidad, especialmente metales, hierro y acero. Estos metales, transformados en aviones, tanques y misiles Katyusha, ayudaron al soldado soviético a derrotar al peor enemigo al que Rusia se había enfrentado jamás. Literalmente salvaron nuestra patria durante la Gran Guerra Patria.

La falta de dependencia de las exportaciones de materias primas fue una de las características más importantes que distinguieron fundamentalmente a la economía soviética de la actual. Y le dio la autosuficiencia que tanto nos falta en el entorno sancionado de hoy.

Aquellos que juzgan la economía soviética de manera superficial o sobre la base de fuentes poco fiables a menudo están convencidos de que, a lo largo de los años, se orientó cada vez más hacia la exportación de materias primas. Se supone que se volvió tan dependiente de ella como la economía de la Rusia moderna. Pero esta es una visión distorsionada. Hasta los últimos años de su existencia, cuando la economía soviética, instigada por el entorno de Gorbachov, empezó a caer en manos de los destructores renegados, seguía caracterizada por una estructura pluri-económica característica de la mayoría de los países desarrollados.

Así, mientras las exportaciones de petróleo de la URSS se multiplicaron por 7,7 entre 1960 y 1987, las de electricidad se multiplicaron por 18, las de equipos para la industria química por 19, las de equipos para la industria textil por 21, las de equipos energéticos por 56 y las de equipos para la industria de la madera, la pulpa y la transformación de la madera en un 77.

El rápido logro de la diversidad sectorial es un elemento vital para nuestra economía, tanto en términos de saturación del país con productos nacionales como en términos de competitividad en el mercado externo.

Hoy, algunos expertos están sembrando el pánico abiertamente, haciéndonos temer que para fin de año Rusia podría perder la mitad de sus exportaciones de petróleo y gas y, por lo tanto, enfrentar un déficit presupuestario crítico. Pero con las políticas adecuadas, tenemos todas las posibilidades de lograr movilizar la producción de alta tecnología. Realmente liberará a la economía rusa de su dependencia de las materias primas.

Apoyamos la rápida implementación de esta tarea fundamental. Apoyamos una reducción gradual de las exportaciones de petróleo y gas para abastecer mejor el mercado interior y reducir los precios internos de los productos derivados del petróleo. Al mismo tiempo, debemos asegurar el desarrollo de la industria de refinación de petróleo mejorando la calidad de los productos del sector primario.

Pero para solucionar este problema es necesario echar del timón económico a la oligarquía, que no tiene ningún interés en ello. Solo así será posible devolver a la propiedad pública la riqueza natural y las industrias estratégicas de Rusia: la electricidad, el transporte, el complejo militar-industrial, los yacimientos de petróleo y gas, las fábricas y las minas ilegalmente privatizadas.

Estas medidas deben ir acompañadas de un mayor gasto en desarrollo económico del presupuesto y del Fondo Nacional de Bienestar. Y se debe garantizar el control estatal sobre las exportaciones e importaciones para crear las condiciones más favorables para los productores nacionales.

Existe una necesidad urgente de evaluar, a nivel estatal, el potencial industrial restante en las regiones rusas, con miras a renovarlo e integrarlo rápidamente en las actividades productivas.

Hoy es importante recordar que en la URSS fue la industrialización y modernización de la economía lo que condujo al rápido desarrollo de la esfera social. Y esto estuvo muy ligado al crecimiento del sector de la construcción. A principios de la década de 1950, los pedidos anuales de vivienda aumentaron casi 8 veces en comparación con fines de la década de 1920. El número de teatros, cines, clubes y bibliotecas aumentó considerablemente. Se construyeron activamente sanatorios y casas de descanso. Todos estos beneficios eran gratuitos para los ciudadanos soviéticos, incluida la vivienda proporcionada por el Estado.

Con el regreso del capitalismo, comprar una casa se ha convertido en un lujo inasequible para la mayoría de las personas. La familia promedio debe ahorrar durante 15 a 20 años para comprar un apartamento estándar en la ciudad, reservando todo el dinero que gana para este propósito. O pueden contraer deudas voluntariamente, sin saber si alguna vez saldrán de ellas.

El deterioro del parque de viviendas en la era del “libre mercado” ha adquirido proporciones alarmantes. El deterioro de la infraestructura municipal varía del 40 al 80% dependiendo de la región.

Insistimos: debemos construir viviendas sociales a gran escala para ciudadanos rusos y personas desplazadas de Donbass y Ucrania. Y ver el derecho a la vivienda como garantía del derecho a la vida.

El Estado debe invertir masivamente en la construcción de viviendas y servicios públicos. La industria de la construcción no sólo tiene una especial importancia social, sino que también es un motor único que arrastra tras de sí a muchos otros sectores productivos. Este debe ser el punto de partida de la política económica de cualquier Estado que quiera desarrollarse con éxito.

Educación para la transformación

La educación de calidad al alcance de todos, que el sistema soviético había logrado garantizar a cada persona, no era sólo un bien social. ésta fue una base intelectual y profesional para los destacados logros de la Unión Soviética.

La accesibilidad de la educación en el Estado soviético y la rápida participación de los estratos sociales más amplios en esta educación son visibles aunque solo sea por este hecho: a principios de 1933, aproximadamente el 17% de los estudiantes de educación superior en la URSS eran campesinos, mientras que en Alemania en ese momento la participación de los campesinos en la educación superior apenas superaba el 2%.

De 1933 a 1938 se construyeron 20.000 nuevas escuelas en el país. Dieciséis mil de ellas se abrieron en áreas rurales. Al comienzo de la Gran Guerra Patria, cinco veces más niños estudiaban en las escuelas secundarias que antes de que los comunistas llegaran al poder. El número de estudiantes en la educación secundaria había aumentado 30 veces en comparación con el período anterior a la revolución. El número de estudiantes se había multiplicado por ocho.

Pero desde el derrumbe de la URSS, se han cerrado un tercio de las escuelas en Rusia. Y en las zonas rurales, su número se ha reducido a la mitad. ¡El número de escuelas de formación profesional se ha dividido por diez! Este es el sabotaje más real contra nuestro país, organizado por las manos de los “reformistas”, que actuaron sobre la base de programas manifiestamente antirrusos, obtenidos de la Fundación Soros y otras estructuras extranjeras. Por eso hoy en día es tan difícil encontrar un buen tornero, molinero, montador y soldador. Estas profesiones, hoy sumamente necesarias para la nueva industrialización y rápida sustitución de importaciones, han sido efectivamente eliminadas en nuestro país.

Insistimos: para revivir el desmantelado sistema de formación profesional y dotarlo de un apoyo estatal efectivo, es necesario restablecer el Comité Estatal que gestionará este ámbito. Sin esto, será imposible abordar la escasez de trabajadores altamente calificados que necesitamos desesperadamente hoy.

En 1940, el Estado soviético gastó el 13% de su presupuesto total en educación. E incluso en el apogeo de la guerra, en 1942, destinó el 6% del gasto presupuestario a la educación. Y en 1945, año de la victoria, esta cifra se multiplicó por 2,5 y representó el 17% del tesoro soviético.

La parte actual de la inversión pública en este campo representa solo una cuarta parte del gasto de la URSS de antes de la guerra. ¡La Rusia de hoy, según el Instituto de Estadística de la UNESCO, ha caído al puesto 120 del mundo en cuanto a gasto en educación! Durante los últimos diez años, el gasto total del presupuesto federal en educación no ha superado el 5% del gasto. Y no supera el uno por ciento del producto interior bruto. El gasto de los presupuestos federal y autonómico para la sección “Educación” solo alcanza el 3,6% del PIB, lo que también es categóricamente insuficiente.

Además del robo financiero de la educación, uno de los principales delitos de los «reformadores» fue la destrucción intelectual y moral del patrimonio excepcional de la escuela ruso-soviética. Nuestros mejores logros han sido borrados de los planes de estudios escolares, han entrado en ellos la rusofobia, el antisovietismo y graves distorsiones de la historia nacional. La reducción del nivel de educación socava el potencial intelectual y espiritual de la sociedad. Esto se expresa plenamente en el sistema defectuoso del Examen Estatal Unificado [EEU, esencialmente basado en cuestionarios de opción múltiple], una «innovación» impuesta a Rusia, a la que el PCFR siempre se ha opuesto y continúa oponiéndose enérgicamente.

El EEU no solo no logra mejorar la calidad de la enseñanza, sino que desvaloriza descaradamente los conocimientos más importantes. Socava la autoridad de áreas científicas clave, sin cuyo desarrollo es imposible contar con el avance tecnológico de Rusia anunciado en los decretos y mensajes presidenciales.

En 2019, un grupo de científicos chinos dirigido por el académico Jin Xizhang realizó su propio estudio y analizó la evolución del nivel educativo en 43 países durante los últimos 30 años. La conclusión de los científicos es la siguiente: Occidente impuso a Rusia el ruinoso sistema EEU, que prepara “biorobots, destruye el conocimiento, condena a los escolares a la degradación y al eterno atraso. El EEU es la principal amenaza para el desarrollo de la tecnología en Rusia” y “la mayor subversión de Occidente”.

Junto con las escuelas, se saboteó la educación superior. La mayoría de las instituciones de educación superior fueron sometidas a raciones de hambre. Incluso en Moscú, el salario promedio de un profesor es de 35-40 000 rublos, el de un profesor asociado de 25 000 rublos, el de un asistente de 15 a 20 000 rublos. La asignación estudiantil promedio es solo un mísero 13% del mínimo de subsistencia establecido oficialmente, mientras que en la Unión Soviética era del 80%. Y para aquellos en educación vocacional, la cifra es solo del 5%, ¡16 veces menos que en la época soviética!

Uno de los principales vicios del sistema del capitalismo salvaje es la pérdida del vínculo entre la actividad económica y el progreso científico y tecnológico, sin el cual es absolutamente imposible el desarrollo y un porvenir digno del Estado y de la sociedad.

Una revisión fundamental de las políticas en esta área es una parte esencial de nuestro programa. Uno de los documentos clave que lo sustentan es el Proyecto de Ley de Educación para Todos. Los mejores científicos y representantes del PCFR en la Duma Estatal trabajaron en él: J.I. Alferov, I.I. Melnikov, V.I. Kashin, O.N. Smolin, Y.V. Afonin, D.G. Novikov, S.E. Savitskaya, T.I. Pletneva, N.A. Ostanina… Estoy convencido de que sin la implementación de esta ley, es imposible revivir la notable escuela ruso-soviética destruida por los «reformadores» liberales.

Debemos abandonar resueltamente la visión de la educación como un servicio, refutar cualquier justificación para su comercialización, para su inclusión en el ámbito empresarial. Exigimos que el engañoso sistema del EEU sea reemplazado por un examen tradicional completo que no juega a las adivinanzas con los estudiantes, sino que revela objetivamente sus verdaderos conocimientos y habilidades. Y abandonar la idea viciosa de imponer la educación a distancia en escuelas y universidades, que los liberales destructores del sistema educativo han comenzado a implementar activamente en medio de la pandemia.

El gasto público en educación debe duplicarse a por lo menos el 7% del PIB. Sin ello, cualquier llamado y promesa de avance tecnológico se verá socavado por la creciente degradación intelectual y la destrucción del potencial científico del país.

En todas las regiones, los salarios de los docentes deben ser al menos iguales a la media rusa. Los salarios de los docentes vocacionales deben ser al menos el doble de los salarios actuales. Y los salarios de los profesores universitarios deberían ser al menos dos veces más altos que el salario medio ruso.

Los libros de texto que predican la rusofobia, niegan la ideología de la justicia social y la igualdad, y denigran y distorsionan la historia rusa deben retirarse de las escuelas y universidades. Las obras destacadas de los autores soviéticos, que son los mejores ejemplos de moralidad y patriotismo, deberían reincorporarse a los programas escolares.

Para deshacerse del yugo del capital antinacional y avanzar con confianza, Rusia debe sentirse heredera no solo de Pushkin, Lermontov, Tolstoi, Turguenev, Nekrasov y Chejov, sino también de Gorki, Sholojov, Simonov, Isakovsky, Tvardovsky, Bondarev y Rasputín. Prokofiev y Sviridov, Mujina y Vuchetich, Makarenko y Sujomlinsky, Kurchatov y Keldysh, Korolev y Gagarin, Zhukov, Rokossovsky, Vasilevsky y Konev. El país debe enorgullecerse de esta galaxia de nombres brillantes, coronación de la civilización rusa, o bien nacida de la era soviética, de la patria socialista, la patria de Lenin y Stalin.

Exigimos la adopción de una ley sobre la protección de la lengua rusa como el mayor tesoro nacional. Es también la escuela la que tiene una gran responsabilidad de inculcar el amor por la cultura y por preservarla.

Recordemos las palabras de Konstantin Dmitriyevich Ushinsky, el fundador del sistema educativo ruso, sobre la inestimable importancia de la lengua materna: «Como el registro más completo y fiel de toda la vida espiritual de las personas, el idioma es al mismo tiempo el mayor mentor nacional, que enseñó a la gente cuando no había ni libros ni escuelas, y que continúa enseñándoles hasta el final de la historia nacional… El idioma es el eslabón más vivo, el más abundante y más fuerte, que une a las generaciones pasadas, vivas y futuras de personas en un gran todo histórico viviente. ¡Cuando desaparece la lengua de un pueblo, la nación ya no existe! Mientras la lengua del pueblo esté viva en su boca, el pueblo estará vivo”.

Los comunistas no dejamos de recordar esto, defendiendo la lengua rusa, nuestra cultura nacional, la ciencia y la educación, que siempre han sido y son defendidas por los verdaderos patriotas de Rusia.

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El fundamento científico del Estado

La base de las destacadas victorias económicas y sociales del país soviético fue el rápido desarrollo de la ciencia, que había sido uno de los principales objetivos del Estado desde los primeros días de la industrialización de Stalin. El propio poder soviético nació sobre la base científica de la notable doctrina marxista-leninista. Y la adhesión a la política y a la economía del conocimiento era una ley inmutable. Con cada plan quinquenal, la contribución y los logros del Estado en el campo científico han aumentado. Incluso la guerra no pudo detener este proceso. Y en los años de la posguerra, nuestro país, sin duda, se convirtió en un líder mundial en el desarrollo científico.

En cinco años, de 1950 a 1955, el número de investigadores en los principales institutos de investigación, donde se concentra el grueso del potencial científico, pasó de 75 a 95 mil, y en los siguientes cinco años llegó a 200 mil, es decir, durante estos cinco años el número de científicos en la URSS creció en 20.000 por año. Nuestros especialistas han sido formados al más alto nivel. Fueron ellos quienes crearon el escudo nuclear, que todavía protege de manera confiable la potencia rusa de las invasiones militares de aquéllos que quieren subyugarla. Ellos son los que allanaron el camino para la exploración espacial de nuestro país. Son sus logros los que son el orgullo de nuestro pueblo y la admiración del mundo entero.

Un cuarto de siglo después, a mediados de la década de 1980, funcionaban en la URSS más de 500 asociaciones de investigación y producción, lo que permitió integrar activamente la ciencia en la producción y la economía nacional. La Unión Soviética tenía 1.200 institutos de investigación y oficinas de diseño independientes. Más de 500 de ellos operaron en el complejo de construcción de maquinaria. Uno de cada cuatro científicos del mundo era ciudadano soviético. Uno de cada tres inventos del planeta se hacía en nuestro país.

En aquel momento, existían en la URSS 70 centros de trabajo creativo científico y técnico de la juventud. Comenzó la implementación del “Programa Complejo para el Avance Científico y Tecnológico de los Estados Miembros del CAME”. Y el papel clave aquí pertenecía a la ciencia soviética y a nuestros científicos. Los países socialistas comenzaron a producir conjuntamente computadoras, sistemas láser, sistemas de transmisión de datos digitales, automatización y otros productos de alta tecnología. Se crearon nuevos equipos de corte de metales, nuevos materiales a base de metales ferrosos y no ferrosos y compuestos refractarios utilizando métodos de pulvimetalurgia. La biotecnología se desarrollaba activamente. La economía socialista demostró su capacidad para modernizarse dinámicamente e implementar activamente innovaciones. Demostró su capacidad no solo para seguir el ritmo de la economía capitalista, sino también para superarla en su desarrollo.

No hay duda de que el socialismo pronto habría ganado la competencia económica entre los dos sistemas de manera inequívoca, si una cohorte de traidores declarados y oportunistas sin escrúpulos no se hubiera infiltrado en los escalones superiores del poder y comenzado a socavar el sistema desde dentro. Actuaron como aliados de las fuerzas externas que hicieron todo lo posible para enterrar a la URSS y al COMECON socialista.

La consecuencia directa de esta situación ha sido también la negativa del Estado a apoyar y fortalecer plenamente la ciencia nacional. A lo largo de los años, su financiación ha disminuido, tanto en relación con el gasto presupuestario total como con el PIB. Bajo el capitalismo, un país que era la principal potencia científica del mundo en la época soviética se encontró gastando tanto dinero público en ciencia básica como Estados Unidos y los principales países europeos en mantener una universidad importante.

Ahora nuestros oponentes buscan dar otro golpe devastador. Y se apoyan en gran medida en el atraso tecnológico de Rusia, posibilitado por tres décadas de degradación causada por el mercado. Solo podemos lograr la victoria en esta difícil confrontación logrando un gran avance intelectual. Pero esta tarea no se puede lograr sin el pleno apoyo de la ciencia moderna. La experiencia soviética ha probado la eficacia de su integración en la producción, en la economía nacional. Hoy, necesitamos multiplicar por varias veces el financiamiento de las actividades científicas de los científicos nacionales y llevar a por lo menos un 30% la participación de las organizaciones donde se llevan a cabo.

Es vital para nosotros desarrollar alta tecnología y restaurar la capacidad de producción, lo que nos ayudará a construir una economía fuerte e independiente. Para hacer esto, debemos invertir en ciencia básica. Crear nuevos laboratorios de forma sectorial, con el fin de acelerar el progreso científico y tecnológico. Implementar inmediatamente nuevos desarrollos en producción real.

Debe prestarse especial atención a la electrónica, las máquinas herramienta, la robótica y la inteligencia artificial. Hemos mostrado repetidamente en nuestros documentos de política cómo podemos resolver problemas en estas áreas. Y pusimos propuestas sobre la mesa del presidente, el primer ministro y los jefes de los principales ministerios, elaboradas junto con los directores de grandes empresas y científicos de la Academia Rusa de Ciencias.

Nuestro país tiene una base poderosa para lograr avances científicos y tecnológicos. Esto incluye el famoso Akademgorodok de Novosibirsk, una de las perlas de la gran herencia soviética. Y la Universidad Académica de Investigación Nacional de San Petersburgo, que lleva el nombre de su fundador, el premio Nobel Jaures Alferov, quien trabajó brillantemente no solo en el campo científico, sino también como miembro del equipo de diputados del PCFR en la Duma Estatal. Dentro de los muros de la universidad que él había fundado había por primera vez una escuela secundaria de física y matemáticas, una universidad y una planta de producción de última generación. Pero en lugar de darle el máximo apoyo, el gobierno hace la vista gorda mientras los depredadores acechan alrededor de la universidad, buscando apoderarse de los terrenos sobre los que se levanta esta institución única.

Si queremos superar el atraso tecnológico y volver a poner a Rusia en la senda del desarrollo avanzado que garantice nuestra invulnerabilidad ante cualquier sanción, debemos poner fin a estas prácticas criminales. Proteger la dignidad, los intereses profesionales y sociales de las personas de ciencia. Y revisar radicalmente la política estatal en esta área tan importante.

En 1931, el dramaturgo británico ganador del Premio Nobel Bernard Shaw dijo: “Si el experimento de Lenin en el orden social falla, entonces la civilización se derrumbará, como se han derrumbado muchas civilizaciones que precedieron a la nuestra”.

Gracias a la modernización leninista-estalinista, el sistema soviético logró mantenerse y alcanzar alturas increíbles. Pero a la vuelta de los siglos XX y XXI, después de su traicionera destrucción, nuestro país perdió su liderazgo en la civilización mundial. Al mismo tiempo, la civilización mundial comenzó a caer en una profunda crisis y en el oscurantismo, que ha llegado a un grado extremo en la actualidad. La única salida de este abismo fatal para nosotros es la reforma socialista de Rusia, oponiéndose al fascismo globalista sobre la base de una política de desarrollo inteligente y patriótica.

El escudo confiable de la medicina

Los destacados logros científicos de la Unión Soviética formaron una base indispensable no solo para la industrialización, sino también para el desarrollo de la medicina soviética. Los avances científicos están detrás del enorme éxito de la atención médica y la farmacia nacionales, que comenzaron a ganar impulso rápidamente durante el segundo plan quinquenal de Stalin. Gracias a esto, nuestro país fue el primero en vencer, en la década de 1930, muchas infecciones peligrosas, cuya erradicación antes era considerada imposible por todo el mundo. Los especialistas soviéticos crearon nuevos medicamentos previamente desconocidos. Entre ellos, jugó un papel especial la penicilina, que salvó la vida de millones de soldados al frente de la Gran Guerra Patria.

Sin estas brillantes victorias en el campo de la medicina, el enorme crecimiento demográfico de la era soviética no habría sido posible.

A pesar de todas las penurias y las terribles pérdidas humanas sufridas durante la primera mitad del siglo XX en tres guerras, dos guerras mundiales y la guerra civil, la población del país soviético creció de manera constante y rápida. Mientras que en 1913 vivían 159 millones de personas dentro de las fronteras de la futura URSS, durante la era soviética esta cifra aumentó un 85% hasta alcanzar los 294 millones. En lo que ahora es Rusia, a principios del siglo XX había 67 millones de personas, y durante la era soviética la población creció a 148 millones, ¡2,2 veces más!

A principios del siglo XX, la esperanza de vida en Rusia era de 32 años. En Estados Unidos tenía entonces 49 años. Pero en 1967, cuando el País de los Soviets celebraba el 50 aniversario de la revolución socialista, nuestros ciudadanos vivían un promedio de 70 años. Los estadounidenses no lograron alcanzar esta cifra. Estaban tres años por detrás de la Unión Soviética en términos de esperanza de vida promedio. Durante el mismo período, la Unión Soviética estaba por delante no solo de los Estados Unidos, sino también de países como Francia, Bélgica y Finlandia en términos de esperanza de vida. Estaba al mismo nivel que Japón, Alemania, Italia y Canadá.

Estos son logros únicos del poder soviético, cuyos ciudadanos estaban protegidos por el fuerte escudo de la ciencia y la medicina avanzadas.

Pero en los últimos 30 años, en Rusia y otras antiguas repúblicas soviéticas, que se vieron obligadas a abandonar el socialismo, solo el número de rusos se ha reducido en 20 millones. La pérdida de población en nuestro país en los últimos tres años ha sido de más de dos millones. Este es el terrible precio de una actitud irresponsable hacia el cuidado de la salud y la ciencia, sin los cuales la medicina y los productos farmacéuticos independientes de las importaciones y autosuficientes no pueden desarrollarse.

En los últimos 20 años, la cantidad de fondos públicos para la atención de la salud en Rusia ha fluctuado entre el 3 y el 4 % del PIB, cuando debería ser del 7 %. Esto se traduce en salarios bajos para los trabajadores de la salud y el deterioro de la infraestructura médica. La situación se ha visto agravada por la “optimización” irresponsable de la esfera médica. Se llevó a cabo con el pretexto de poner orden en el sistema nacional de salud, modernizarlo y eliminar costos burocráticos. Pero en realidad, ha llevado a que el número de hospitales y camas de hospital se reduzcan a la mitad, y el personal médico se vea sometido a una reducción masiva y totalmente injustificada, lo que se ha traducido en una escasez aguda de personal.

En el verano de 2020, en medio de una epidemia de rápida expansión, el Partido Comunista presentó un programa claro y coherente de medidas urgentes para salvar la medicina del país. En ese momento, este programa fue prácticamente ignorado por las autoridades. Pero hoy, en el contexto de sanciones hostiles, cuyo escenario depredador es privar a nuestro país de equipos médicos modernos y una serie de medicamentos esenciales, este programa se vuelve aún más urgente.

Garantizar la disponibilidad y calidad de la atención sanitaria sólo es posible si se duplica al menos el gasto público en este ámbito. Sobre todo, se debe restaurar el sistema de atención primaria de salud.

En la situación actual, es necesario tomar la decisión de proporcionar a los pobres los medicamentos necesarios de forma gratuita o en condiciones preferenciales. Les recuerdo que en 2021 el costo promedio de un paquete de medicamentos en Rusia ha aumentado un 12,5%. El precio de los medicamentos importados ha aumentado entre un 20% y un 40%, y algunos de ellos se han duplicado. A largo plazo, los problemas podrían ser aún más graves. Debemos hacer todo lo posible para evitar un mayor agravamiento en esta área. Esta es una de las tareas más urgentes, tanto en términos de estabilidad social como de seguridad nacional.

Su implementación requiere la transferencia de las empresas farmacéuticas bajo el control del Ministerio de Sanidad. Y un aumento radical de su financiación por parte del fondo soberano. El trabajo de estas empresas debe llevarse a cabo en estricta conformidad con los programas y solicitudes del ministerio de tutela. Ésta es la única forma de superar rápidamente nuestra dependencia de los medicamentos y componentes importados, lo que se vuelve extremadamente peligroso en el contexto de la política de sanciones de Occidente.

También hacemos un llamado para que se ponga fin a la práctica de la admisión onerosa a las escuelas y facultades de medicina. Es categóricamente inaceptable que se dé acceso a la profesión médica a cambio de dinero a personas que no tienen las habilidades necesarias y que realmente no se comprometen con ella. Es un camino directo a una mayor degradación de la medicina, de la que depende la salud y la supervivencia de la nación.

La catástrofe demográfica que amenaza a Rusia tiene dos componentes principales. Se trata de la alta tasa de mortalidad y la bajísima natalidad, cuyas cifras de los últimos años son las peores desde principios de la década de 2000.

Las medidas sociales clave deberían impulsar la tasa de natalidad: mejorar el bienestar de los trabajadores, restablecer un sistema integral y eficaz de subsidios para familias numerosas, proporcionar vivienda a familias jóvenes e implementar un programa nacional ambicioso de protección de la maternidad y la infancia. Pero la reducción de la mortalidad, sin la cual también es imposible mejorar la situación demográfica, solo la lograremos si reactivamos la medicina nacional sobre la base de los requisitos de nuestro programa y la experiencia excepcional del sistema de salud soviético.

Los logros sin igual de la era soviética, cuyo brillo particular se manifestó en las hazañas obreras, científicas y sociales de la industrialización de Stalin, descansaban sobre dos ejes, sobre los dos principios fundadores del mundo ruso: el del obrero y el del campesino. Estos dos cimientos también estaban unidos en la destacada personalidad del líder soviético Stalin. Esto es lo que destacó en él el escritor alemán Lion Feuchtwanger, quien, después de conocer nuestro país, buscó insistentemente difundir la verdad sobre la URSS en Occidente, contrariamente a los mitos de la propaganda reaccionaria sobre el “totalitarismo soviético”. En su libro Moscú, 1937, escrito en Francia, dice de Stalin: “Él es el campesino y obrero ruso elevado al rango de genio, a quien la victoria está asegurada, ya que reúne en él la fuerza de dos clases”.

Feuchtwanger entendía sobre todo la victoria política y socioeconómica de Stalin y del país que dirigía. Pero estas palabras, escritas cuatro años antes del ataque de Hitler a la Unión Soviética, resultaron proféticas también con respecto a la gran victoria de nuestro país, conquistada en los campos de batalla del fascismo.

Esta victoria se fraguó en la unión de las ideas más grandes de nuestro pueblo, que surgieron de las profundidades de los siglos y se encarnaron en la mayor fuerza de la sociedad soviética: las ideas de la soberanía y el socialismo. Su unión se expresa con toda la claridad y fuerza de su discurso a los defensores de la patria soviética, que Stalin pronunció desde lo alto de la tribuna del Mausoleo el 7 de noviembre de 1941, durante el desfile militar conmemorativo del 24 aniversario de la Revolución de Octubre: “Que la valiente imagen de nuestros grandes antepasados, Alexander Nevsky, Dmitry Donskoy, Kuzma Minin, Dmitri Pozharsky, Alexander Suvorov, Mikhail Kutuzov, les inspiren en esta guerra. ¡Que brille sobre ustedes la bandera invencible del gran Lenin!”

Hoy, ante un nuevo desafío de enemigos extranjeros, podemos repetir estas palabras de Stalin, que nos inspiran para las victorias y logros del siglo XXI.

Una prueba de fuerza decisiva

Una gran guerra no es solo una prueba de fuerza militar y moral para cualquier nación. Es la prueba más dura de la sostenibilidad política, social y económica de un Estado. Es la prueba más reveladora de la fuerza del sistema establecido. Para el Estado soviético, la Gran Guerra Patriótica fue la principal prueba de este tipo, que demostró la capacidad de las personas que vincularon su destino con el socialismo, para repeler a un enemigo fuerte y terrible. Y para salvar a toda la humanidad de la plaga del nazismo de Hitler. Fue el sistema socioeconómico con el que la URSS enfrentó la embestida traicionera de los invasores nazis lo que fue decisivo en la consecución de nuestra Gran Victoria.

Los años difíciles y heroicos de la guerra demostraron con particular claridad la capacidad del poder soviético para lograr avances económicos sin precedentes. En 1943, la producción de las industrias de defensa soviéticas se duplicó en comparación con el período anterior a la guerra de 1940. La agricultura nacional también resistió los embates de la guerra. Se desarrollaron nuevas áreas sembradas en las regiones orientales, donde se incrementaron en 5 millones de hectáreas. Durante los años de guerra, la siembra de cultivos de invierno en Siberia aumentó en un 64%.

Hoy, cuando las tareas de fortalecimiento de nuestro sector agrario y la consecución de la seguridad alimentaria sostenible exigen la máxima dotación de maquinaria agrícola moderna, cobra especial importancia recordar los indicadores de su producción en los momentos más difíciles. Así, la producción de tractores, muy reducida en 1942, aumentó un 27% en 1945 con respecto a 1942.

Es aterrador imaginar lo que le hubiera podido pasar a nuestro país si, en el momento en que la Alemania de Hitler lo atacó, la economía hubiera estado en manos de los oligarcas, que habían amasado su capital a través de las criminales privatizaciones de Chubais. Incluso entonces, probablemente no se habrían sentido «incitados» a invertir en la economía y a resistir con éxito al enemigo. Ciertamente no habrían estado dispuestos a compartir sus superganancias con el país, aun a riesgo de conducirlo a su destrucción.

Sin tal cohesión social en el país soviético, sin tal fe en las ideas que reflejan los intereses del pueblo trabajador, la URSS probablemente no habría resistido los embates del enemigo. Pero esta gran unidad de la sociedad soviética estaba allí. Y por eso nuestros combatientes se lanzaron al ataque, murieron, rompieron el cerco enemigo y vencieron con las palabras: “¡Por la patria! ¡Por Stalin!

Este poder indestructible les fue otorgado por el patriotismo soviético y la devoción a la Patria, arraigada en su difícil y heroica historia milenaria. Estos grandes sentimientos se expresan en uno de los mejores poemas de los primeros años de la guerra, “1941”, escrito por Dmitri Kedrin, poeta y corresponsal de primera línea de Donbass. Sus conmovedoras palabras fueron dirigidas al soldado y ciudadano soviético:

¿Será por eso que, bajo la bandera leninista

Por medio de trabajo duro

Reconstruimos en piedra blanca

Nuestra antigua casa de troncos;

Y de feroces ataques enemigos

La defendimos por esto,

Para que ahora podáis pudriros en vida

En amarga y amarga esclavitud.

Y para que, abriendo sus ojos de peltre,

Los alemanes vengan a enseñar a los niños,

A olvidar quiénes erais.

Ayer éramos todos eslavos.

Luchad para que los viles enemigos

Disuadan a los demás del deseo de atacarnos

¡Para que nuestros enemigos no las profanen,

No abandonéis nuestras hermosas tumbas!

Mira los bosques y los pastos,

Al ir a la batalla armado con un fusil.

Todas nuestras posesiones duramente ganadas,

Están a tus espaldas, detrás de ti!

Para que no sea saqueada,

Para que nuestra patria florezca y brille,

Por la voz de vuestros antepasados canosos.

¡Os ordeno manteneros firmes hasta la muerte!

E incluso hoy, podemos resistir y vencer solo con la máxima cohesión de la sociedad, con una estrecha unidad civil y social. Pero esto no se puede lograr si continúa la práctica de persecución a las fuerzas patrióticas de izquierda, intimidación y presión a nuestros camaradas. Presión sobre los líderes talentosos de las mejores empresas populares, como la Granja Estatal Lenin cerca de Moscú, encabezada por el candidato presidencial Pavel Grudinin, la Asociación Zvenigovskoye en la República de Mari El, encabezada por I.I. Kazankov, y la asociación Usolye-Sibirskoye en la región de Irkutsk, encabezada por I.A. Sumarokov.

Es imposible lograr la solidaridad en el país, donde, incluso en las condiciones de la Guerra Híbrida, montañas de tonterías antisoviéticas espurias y mentirosas continúan siendo vomitadas por altos funcionarios y pantallas de televisión.

Exigimos el cese de la persecución a nuestros camaradas y compañeros de armas. Debe prohibirse la propaganda de la rusofobia y el antisovietismo. Sin estas medidas políticas en Rusia, donde crece rápidamente la demanda de justicia social y de giro a la izquierda, será imposible lograr una unidad social duradera frente a los desafíos que todos enfrentamos.

La excepcional experiencia soviética es tanto un ejemplo de gran espíritu y cohesión nacional como un ejemplo de heroica reconstrucción económica y social después de pérdidas colosales. Desde la Gran Guerra Patria, este ejemplo nunca ha sido más relevante que hoy.

Las pérdidas materiales sufridas por la URSS entre 1941 y 1945 ascendieron a casi un tercio de su riqueza nacional. La cantidad de daños sufridos por la Unión Soviética se estimó en 2,6 billones de rublos antes de la guerra. En términos de precios actuales, eso es al menos siete años del producto interno bruto de la Rusia actual.

El ejército enemigo destruyó total o parcialmente o quemó 1710 pueblos y aldeas soviéticas, más de 70.000 pueblos y aldeas. Sesenta y cinco mil kilómetros de vías férreas, 4 mil estaciones, 36 mil establecimientos postales y telegráficos quedaron fuera de servicio. Los fascistas destruyeron en nuestro territorio más de 6 millones de edificios. 25 millones de personas fueron privadas de sus hogares.

El golpe más duro lo asestó a la industria soviética. Cerca de 32.000 empresas fueron destruidas. Las fábricas metalúrgicas que antes de la guerra representaban aproximadamente el 60% del acero fundido y las minas que producían el 60% del carbón extraído en el país fueron destruidas. Decenas de miles de granjas colectivas y estatales fueron sido devastadas por la guerra y saqueadas por el enemigo.

Las mayores pérdidas se registraron en los campos social, educativo y científico. Los invasores destruyeron o dañaron 40.000 hospitales y otras instituciones médicas, 84.000 escuelas, colegios, universidades e institutos de investigación, 43.000 bibliotecas públicas.

Pero el resultado más terrible de estos años de guerra fue la muerte de casi 27 millones de soviéticos. Si no hubiera sido por la guerra, habrían seguido viviendo y teniendo hijos, trabajando en la producción y la agricultura, enseñando en escuelas e institutos, haciendo descubrimientos científicos.

El país victorioso que sobrevivió a la terrible guerra se enfrentó a la tarea de recuperarse de las heridas infligidas por el enemigo lo más rápido posible. En los corazones de los ciudadanos soviéticos se mezclan la amargura de la pérdida, el triunfo de los vencedores y el anhelo de una nueva vida, cuya lucha está santificada por las grandes hazañas de los antepasados y la excepcional historia de la Patria. Todos estos sentimientos se repiten en el poema “Contemporáneos” del poeta de primera línea Pavel Shubin, nacido y criado en mi región natal de Orel, que fue escrito en 1946:

Camaradas,

Hechos trizas

En los prados del Dniéper,

En el saliente de Orel,

Arrastrados a través del cieno de Sivash.

Ellos también se maravillaban de las estrellas,

En el barro sangriento bajo el fuego

Se arrastraron hasta las trincheras prusianas sin respirar;

Ellos también besaron a sus bellas

Y murieron en el frío amanecer

En las ruinas de una casamata desconocida

Yo estaba con ellos

Yo también les disparé a quemarropa.

Y mis heridas siguen abiertas

Pero en ese momento,

En los albores de los viejos tiempos.

Los cerezos están floreciendo de nuevo en Chernigov,

Las noches de borrachera no son más oscuras que antes,

Las lluvias caen sobre Livny,

y gotas, como melenas cortadas,

En las crines inclinadas de los caballos de guerra.

Y sigo siendo el vigilante de Sviatoslav,

Que fue a Kafa, que tomó Bratislava,

que en Stalingrado murió cien veces más

y resucitado bajo el sol de nuestra gloria.

Un partisano de la paz, un soldado de la Guardia

Cuanto más nos damos cuenta de la magnitud de las trágicas pérdidas sufridas durante los años de la guerra, más majestuosa es la hazaña de la rápida reconstrucción socialista del país victorioso. Una recuperación demográfica, social y económica. La industrialización de Stalin en la década de 1930 fue una experiencia sin precedentes de un avance social y económico gigantesco. La recuperación de los años de la posguerra fue un ejemplo sin precedentes en la historia del renacimiento del país, que no sólo compensó las pérdidas sufridas, sino que superó en un mínimo de tiempo sus logros prebélicos.

La tasa de crecimiento anual promedio de la producción industrial durante el cuarto quinquenio de la posguerra fue del 14%, superando la tasa anterior a la guerra del 13,2%. ¡Estas cifras se lograron a pesar de que el país había perdido millones de trabajadores cualificados durante la guerra! ¡A pesar de que al final de la guerra el número de trabajadores y empleados en la industria soviética era 2,5 millones menos que antes de la guerra en 1940!

Después de la guerra, la Unión Soviética se enfrentó a la tarea de convertir la industria militar en producción civil. Esta tarea sólo podría lograrse mediante un crecimiento intensivo de la industria de las máquinas herramienta. Y su avance en los primeros cinco años de la posguerra fue más que impresionante. En 1950, la producción de la industria mecánica soviética fue 2,3 veces superior a la de 1940. Mirando los indicadores económicos actuales, estas cifras parecen fantásticas. Pero sin estos éxitos en el campo de la mecánica, el país no habría podido asegurar el desarrollo de toda la economía nacional sobre una nueva base tecnológica.

Ya en 1950, en comparación con 1940, la producción bruta de la industria soviética había aumentado un 73 %, los activos de capital fijo una cuarta parte y la renta nacional un 64 %. La ingeniería mecánica, la industria química y la industria de materias primas se habían desarrollado rápidamente. La base material y técnica de la agricultura se había fortalecido seriamente. Se inició la construcción de las mayores centrales eléctricas, nuevos canales y sistemas de riego. Se inició la creación de cinturones forestales en las regiones esteparias del país.

Durante el plan quinquenal de posguerra, se restauraron y construyeron 6.200 grandes empresas industriales estatales. Las fábricas de turbinas de Kaluga, de máquinas-herramientas pesadas de Kolomna y de máquinas-herramientas de Ryazan produjeron bienes. Se construyeron y pusieron en funcionamiento los gasoductos Saratov-Moscú, Kohtla-Järve-Leningrad y Dashava-kíev.

Hoy es especialmente importante recordar que la central hidroeléctrica de Dnieper, las plantas metalúrgicas en el sur de Ucrania y las minas en Donbass fueron restauradas en primer lugar.

El régimen nazi banderista que tomó el poder en Kiev tras el golpe criminal de 2014 busca borrar del pueblo ucraniano el recuerdo de que luchó contra el fascismo junto a los rusos y otros pueblos de la URSS. Y que luchó junto a ellos en los años de la posguerra para reconstruir el país, en el que la construcción industrial en Ucrania jugó un papel especial. Fue en la unión de los pueblos soviéticos que alcanzó la cumbre de su desarrollo económico, social y cultural.

Jamás permitiremos que banderistas, fascistas y traidores pisoteen la memoria histórica. No podrán implantar ideas oscurantistas de enemistad y odio en una tierra bañada en sangre de soldados soviéticos.

Cada día hay más y más pruebas irrefutables de que la maquinaria militarista del imperialismo anglosajón, la OTAN, está en guerra con Rusia del lado ucraniano, y continúa inundando Ucrania con armas. También es evidente que el Occidente rusofóbico no solo fomenta los sentimientos fascistas en Ucrania, sino que también está imbuido de ellos.

La votación en diciembre de 2021 de la resolución de las Naciones Unidas “Combatir la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras formas de racismo, discriminación racial y xenofobia” fue una confirmación convincente de estoEntre los países de las Naciones Unidas, 51 se negaron cínicamente a apoyar este documento, que ninguna nación verdaderamente civilizada podría dejar de defender. Los Estados Unidos de América y Ucrania votaron en contra de la resolución de la manera más provocativa. Y 49 se abstuvieron, lo que también constituye una negativa de facto a reconocer el nazismo como un mal global y denunciarlo enérgicamente. Entre los que se negaron a condenar el nazismo están todos los “demócratas”, muchos de los cuales habían luchado junto a Hitler. Y hoy suscriben la misma ideología misantrópica, armando a los banderistas y librando una guerra política y propagandística junto a ellos. Se trata de Gran Bretaña, Alemania, Francia, Países Bajos, Polonia, Australia, Bélgica, Canadá, Croacia, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Japón, Letonia, Lituania, Noruega, Rumania, Eslovenia, España, Suecia y Suiza.

Hay tres lecciones clave que se pueden extraer de las experiencias heroicas de los años de guerra y de la reconstrucción de la posguerra que deberían inspirarnos en el entorno desafiante de hoy.

El primero de ellos es la lección de la recuperación socioeconómica y la rápida reindustrialización, la superación exitosa de la peor devastación de nuestra historia. Sugiere que somos perfectamente capaces de recuperarnos del pogrom que los «reformadores» han infligido a Rusia durante tres décadas postsoviéticas.

La segunda lección es la de la amistad fraternal entre los pueblos, que dio origen a la gran victoria en la guerra contra el fascismo y al gran renacer de un país mutilado por el enemigo. Confirma la importancia de los requisitos de nuestro programa de hoy: fortalecer la Unión de Rusia y Bielorrusia y formar activamente un espacio económico y cultural común de Rusia con las repúblicas populares de Lugansk y Donetsk. Proteger resueltamente a nuestros compatriotas en el extranjero. Abrir las puertas de par en par para su regreso a casa. Lanzar una lucha vigorosa por la restauración voluntaria del Estado de la Unión en ruinas. Los parlamentarios comunistas L.I. Kalashnikov, K.K. Taisaev y otros representantes de nuestro partido están al frente de este importante trabajo.

La tercera lección es la desnazificación de Alemania y sus satélites de la coalición hitleriana por parte del victorioso país soviéticoEsta experiencia debe usarse hoy en Ucrania, que debe ser limpiada para siempre de la mancha del nazismo. Es por eso que recopilamos materiales únicos sobre la desnazificación que la URSS llevó a cabo en Europa en los años 40 y 50. Se los hemos transmitido a los líderes del país con el deseo de que se usen de manera efectiva en las condiciones modernas.

Las cumbres de la prosperidad pacífica

La hazaña de la rápida reconstrucción de la posguerra sentó las bases para el desarrollo exitoso del país soviético durante cuatro décadas.

En la década de 1950, el crecimiento anual de la producción industrial promedió el 12 %, mientras que la producción agrícola bruta aumentó entre un 5 y un 6 %. La renovación de los activos fijos de producción fue del 10% anual en promedio. La renta nacional aumentó anualmente un 10% y la facturación un 11,5%. Las ciudades y pueblos destruidos volvieron a la vida y comenzó la construcción de nuevos pueblos. Solo durante el cuarto plan quinquenal, se construyeron y repararon 201 millones de metros cuadrados de viviendas en ciudades y pueblos soviéticos.

De 1951 a 1967, la renta nacional en la URSS creció una media del 9% anual, mientras que en Estados Unidos su crecimiento no llegó ni al 4%. La producción industrial anual en la Unión Soviética aumentó un 10,5% anual, mientras que en Estados Unidos aumentó solo un 4,5%. La producción agrícola de la Unión Soviética aumentó un 4% anual, mientras que la de los Estados Unidos aumentó menos del 2%. El volumen de negocios de carga, todos los modos de transporte combinados, aumentó un 9% anual en nuestro país y solo un 2,5% del otro lado del océano. La inversión de capital soviética en desarrollo aumentó un 10%, en los Estados Unidos menos del 3%. El crecimiento anual de la productividad industrial en la URSS superó el 6%, mientras que en los Estados Unidos fue la mitad.

En 1967, la producción total de la URSS y otros países socialistas era 20 veces mayor que la de estos mismos países en 1937. Y en los principales Estados capitalistas, la producción industrial aumentó sólo 3,4 veces durante esos 30 años.

Veinte años después, la URSS representaba una quinta parte de la producción industrial mundial y la Federación Rusa el 9%, frente a menos del 2% actual. El país soviético produjo 4,5 veces más producción industrial por ciudadano que el promedio mundial.

En 1987, la tasa de crecimiento de la renta nacional era inferior al 3% en Estados Unidos, mientras que superaba el 4% en la URSS. El volumen de la producción industrial en los Estados Unidos aumentó un 2,6% en el mismo año, mientras que en la URSS su crecimiento superó el 5%.

La industria aeronáutica soviética fue un éxito colosal. Uno de cada tres pasajeros en el mundo volaba en Ilyushins y Tupolevs. La URSS tenía una excelente gama de aviones sin componentes extranjeros. A principios de la década de 1990, el país tenía aviones completamente certificados, los más nuevos en ese momento, listos para la producción en masa. Pero los “reformadores”, las “quintas columnas” actuando en interés de Occidente, arruinaron todo eso a favor de Boeing y Airbus.

Hoy, mientras los adversarios de Rusia intentan paralizar nuestra industria de la aviación civil mediante sanciones utilizando los frutos de esta política irresponsable, necesitamos con urgencia reconstruir nuestra industria de la aviación nacional. La vida ha demostrado fehacientemente lo que venimos advirtiendo todos estos años: el país, repartido en 11 husos horarios, no puede depender de la aviación civil provista por extranjeros. No puede permitirse convertirse en rehén de los exportadores extranjeros en esta área.

Necesitamos comenzar la producción en masa de los modelos de aeronaves más importantes, el IL-96-400 de largo alcance, el MS-21 y SSJ-100 de mediano alcance, y otros aviones modernos, lo antes posible, para restaurar nuestro Estado como una nación líder en aviación.

Para el desarrollo de rutas intrarregionales, Rusia necesita al menos 15-20 mil aviones ligeros. Estas aeronaves brindarán acceso a áreas remotas y escasamente pobladas donde son más rentables, más seguras, más confiables y más fáciles de usar que el transporte motorizado.

Desarrollar el financiamiento para la producción en masa de aviones rusos y atraer personal calificado en este campo es uno de los puntos más importantes de nuestro programa económico.

Para resolver la tarea vital de sustitución de importaciones hoy, debemos tener en cuenta la experiencia soviética en la producción de bienes de consumo.

La Unión Soviética tenía una industria textil bien desarrollada y producía telas de la más alta calidad. Las fábricas textiles de estambre en Leningrado, Chernogorsk, Buryatia y Jakasia suministraban materias primas a la industria textil. Excelentes productos eran producidos por fábricas de seda en Kíev, Chernigov y Tashkent. Se fabricaban excelentes productos de algodón y lino en empresas ubicadas en Ivanovo, Vologda, Kolomna y Novosibirsk. De hecho, el capitalismo oligárquico destruyó la industria textil tradicional de Rusia. Y hoy, su restauración debe convertirse en un componente importante del programa estatal de sustitución acelerada de importaciones.

La experiencia de los logros económicos soviéticos es la prueba de la ley más importante, que debe tenerse en cuenta si se quiere luchar con éxito por el bienestar del pueblo. Esta ley quiere que el crecimiento económico basado en el aumento de la producción industrial y el desarrollo dinámico del sector de alta tecnología sea la única base para el crecimiento de los ingresos de los trabajadores. Y para contrarrestar con éxito el fenómeno negativo de la inflación. El régimen soviético tuvo plenamente en cuenta esta ley. Por lo tanto, pudo garantizar una vida digna para todos los ciudadanos.

Ya en 1945, el gasto estatal soviético en seguridad social excedía casi 6 veces el gasto anterior a la guerra. Los años de la guerra dejaron a millones de soviéticos huérfanos, viudos y discapacitados. Pero el gobierno soviético hizo todo lo posible para ayudar a la gente a volver a la vida normal lo antes posible, aunque requiriera un enorme esfuerzo y un enorme desembolso económico.

Se implementaron amplias medidas para mejorar el nivel de vida de la población. Dos años después del final de la guerra, se habían resuelto muchos problemas relacionados con el consumo de alimentos y productos manufacturados. En 1947, se abolió el sistema de cartillas de racionamiento. El nivel general de precios se redujo casi a la mitad. Durante solo 7 años, de 1947 a 1954, el pan y la mantequilla se volvieron un 67% más baratos, la carne un 64% más barata, el azúcar un 56%, el pescado un 51% más barato, los zapatos un 52%, la ropa de tela natural un 30-50% más barata. El costo de la canasta de bienes de consumo básicos se había reducido a más de la mitad en los mismos años. Y los ingresos de casi el 60% de los trabajadores y empleados la superaban en más de una vez y media o dos veces.

Cabe recalcar que, en la época soviética, la canasta de bienes de consumo básicos significaba un conjunto de bienes que garantizaban una existencia medianamente próspera. No una ración de mendicidad que ni siquiera podía proporcionar la supervivencia básica, que las estadísticas actuales hacen pasar por salarios dignos.

En 1967, año del medio siglo de la Gran Revolución de Octubre, el ingreso real de los trabajadores soviéticos aumentó 6,6 veces y el de los campesinos 8,5 veces con respecto a principios de la década de 1920. El poder adquisitivo de los ciudadanos fue acompañado de un aumento del consumo. Por ejemplo, el consumo de huevos se multiplicó por 1,5 entre 1929 y 1955, el de aceite vegetal por 2, el de pescado por 2,5 y el de azúcar por 2,8. Un cuadro similar se observó en el campo de los productos no alimentarios. Durante el mismo período, las ventas de telas se multiplicaron por 1,7, las de calzado de cuero por 2,3 y las de artículos de higiene por 2,7. En total, la facturación del comercio minorista se multiplicó por 5 en la URSS durante este mismo cuarto de siglo.

Los logros económicos y sociales del poder soviético fascinaron al mundo entero. Los inolvidables festivales internacionales de jóvenes y estudiantes celebrados en la Unión Soviética en 1957 y 1985 quedarán para siempre en la historia. El ambiente allí era el de un país soviético admirado por toda la humanidad, demostrando a todo el planeta las ventajas del socialismo. La Unión Soviética no pedía amor y respeto de nadie. Pero lo disfrutó con razón debido a lo que pudo lograr.

Éste es el gran ejemplo que debemos seguir hoy en la lucha por volver a la vanguardia en el mundo. Y llegar a ser verdaderamente invencibles política, económica y moralmente.

La izquierda se gira hacia la renovación

Los logros sociales de la era soviética contrastan fuertemente con el sistema de desigualdad y empobrecimiento construido en nuestro país durante 30 años de capitalismo salvaje.

En el siglo XXI, Rusia es el único país del mundo donde la riqueza combinada de cien multimillonarios supera los depósitos bancarios totales de todos los demás ciudadanos. Nos encontramos entre los tres primeros en términos de la relación entre el producto interno bruto y la riqueza de un grupo selecto de oligarcas, que en términos monetarios asciende al 35% de nuestro PIB. Esta proporción, que indica una gran brecha social, es el doble que en los Estados Unidos y el triple que en la Unión Europea.

En lo que respecta al salario mínimo, ocupamos el sexto lugar entre los diez primeros países. Y en Europa Occidental es 5-10 veces mayor que en Rusia. En los últimos ocho años, los ingresos reales de los ciudadanos se han reducido un 12%. El salario de más de la mitad de los trabajadores no supera los 20.000 rublos por mes. Casi una cuarta parte de las familias con niños viven en la pobreza y más de la mitad de las familias con muchos niños. La pobreza ha empujado a decenas de millones de personas a endeudarse, obligándolas a contratar préstamos de “supervivencia”. La deuda total de Rusia con los bancos superó los 23 billones de rublos, más que el presupuesto federal anual.

Durante décadas se ha utilizado el empobrecimiento de millones para asegurar el fabuloso enriquecimiento de unos pocos privilegiados. Solo en 2020-2021, a pesar de la epidemia y la crisis que ésta ha exacerbado, la fortuna acumulada de los multimillonarios rusos ha aumentado en $90 mil millones. Eso es casi 7000 mil millones de rublos al tipo de cambio de la época. Es decir, un tercio del presupuesto anual del país. A finales de 2021, su patrimonio neto combinado ascendía a 628.000 millones de dólares, casi el valor de las reservas de divisas de Rusia, la mitad de las cuales ahora están criminalmente congeladas en Occidente. Congeladas por aquellos a quienes los oligarcas nunca se cansaron de elogiar y bajo cuyo dictado condujeron a la degradación de la economía rusa.

En el capitalismo primitivo, la disminución de los ingresos de los trabajadores se ve exacerbada por una inflación implacable. Solo en 2021, según cifras oficiales, el crecimiento de los precios al consumidor superó el 8% y fue el más alto en seis años. Los alimentos, según las estadísticas oficiales, aumentaron casi un 11% en promedio. De hecho, se estima que es tres veces mayor. Las previsiones del gobierno nos prometen una inflación que no volverá a ser menos severa este año.

En vista de la situación actual, hemos formulado un programa de acciones prioritarias en el ámbito social y económico: «Veinte medidas urgentes para la transformación de Rusia». Lo presentamos al Presidente y al gobierno y declaramos que solo si se cumplen nuestras demandas, el país puede evitar el colapso, enfrentar el desafío hostil de las sanciones y encontrar el camino del desarrollo independiente duradero.

El primer requisito de nuestro programa de emergencia es emprender una lucha urgente por la erradicación de la pobreza. Duplicar el salario de subsistencia y fijarlo en no menos de 25.000 rublos. Queremos que el Estado regule los precios de los artículos de primera necesidad. Un proyecto de ley que hemos preparado está en el escritorio del gobierno. ¡Y debemos adoptarlo sin demora!

Insistimos en que, ante la situación actual, las autoridades deben revertir de inmediato la inicua reforma de las pensiones. Limitar el monto del pago por vivienda y servicios públicos a un máximo del 10% del ingreso familiar. Establecer una red de comercio estatal. Esto eliminará la arbitrariedad de los especuladores, que están al acecho de las dificultades y desafíos actuales.

Superar la crisis, reactivar el país, brindar a los ciudadanos condiciones de vida dignas es imposible sin reconstruir el Estado del bienestar, que garantiza el derecho a la educación y a la salud gratuita. Para construir tal Estado, debemos tener un gobierno moderno y efectivo. Es hora de reducir el número de funcionarios y el abultado aparato represivo. Debemos abordar con resolución la corrupción y el crimen, primero y ante todo, purgando los niveles superiores del poder de funcionarios incompetentes y corruptos.

En los últimos 30 años se ha destruido el sistema de pesos y contrapesos, un sistema formado por estructuras y organizaciones públicas independientes capaces de oponerse a la corrupción y la anarquía. Durante la era soviética, dicho sistema desempeñó un papel muy importante. Dependía de organizaciones públicas y, de hecho, era omnipresente. Se apoyó en el control popular, sindicatos, organizaciones sectoriales, juveniles y de mujeres. No sólo contribuyeron a la cohesión social, sino que también sirvieron para defender los derechos civiles y laborales de las personas. Nuestra política y nuestro programa se basan en esta experiencia. La aspiración del PCFR de resucitar un Estado de justicia social y de derecho cuenta con el apoyo activo de las fuerzas patrióticas, el Komsomol, la Unión de Oficiales, la Unión de las Mujeres “Esperanza para Rusia”, el movimiento Lad ruso y los sindicatos creativos y profesionales.

Contamos con un equipo sólido, profesional y patriótico, en cuyo centro se encuentran Melnikov, Afonin, Kashin, Novikov, Ivanov, Kalashnikov, Kolomeitsev, Kharitonov, Levchenko, Arefyev, Savitskaya, Sinelshchikov, Osadchii, Obukhov, Zubrilin, Kazankov, Yushchenko , Kurinny, Parfyonov, Kornienko y otros representantes de las facciones de la PCFR en la Duma estatal y en las asambleas legislativas regionales.

Los dirigentes regionales que representan a nuestro partido: Lokot, alcalde de Novosibirsk, Klychkov, gobernador de la región de Orel, Russkij, jefe de la región de Ulyanovsk, y el jefe de Jakasia, Konovalov.

Los representantes de nuestro joven equipo, los jefes de las organizaciones regionales del PCFR y la Unión de la Juventud Comunista Leninista, Prusakova, Kamnev, Ivachev, Tsarikhin, Kononenko y Aleksandrov están trabajando de manera activa y eficiente.

Isakov y Drobot aseguran de manera confiable la interacción del Partido con el Komsomol y los Pioneros, cuyo centenario celebramos este año.

Los abogados de alto nivel, Kolyushin, Filatova y Solovyov, están ahí para defender de manera intransigente y profesional los intereses del Partido y de sus votantes.

En el frente informativo e ideológico de la lucha por el socialismo trabajan denodadamente los diarios Pravda y Sovetskaya Rossiya y el canal de televisión Krasnaya Liniya, dirigidos por sus presentadores Komotsky, Chikin y Miller que hacen un trabajo valiente.

Una importante contribución creativa a nuestra labor de investigación y educación y de análisis la debemos a Y.P. Belov, S.A. Shargunov, V.N. Tetyokin, L.G. Baranova, L.N. Dobrohotov, L.N. Shvets, I.I. Nikitchuk, V.S. Nikitin, I.N. Makarov, V.F. Gryzlov, Y. Yermalavichus, S.E. Anihovsky, M.S. Muzayev, Y.I. Listov, A.V. Sujoverjov.

V.I. Sobolev, G.M. Benov, V.P. Komoedov, A.P. Tarnayev, N.N. Platoshkin, S.S. Udaltsov juegan un papel importante en el fortalecimiento de la unión de PCFR y otras organizaciones patrióticas de izquierda.

Nuestro llamado a girar a la izquierda está respaldado por los industriales y científicos más importantes. Las investigaciones científicas más serias lo respaldan. Un ejemplo de esto es la obra fundamental publicada recientemente por un equipo de respetados especialistas “El cristal del crecimiento. El milagro económico ruso”, que prueba inequívocamente que la modernización leninista-estalinista fue el mayor avance social y económico en la historia de nuestra patria. Y debe servirnos de referencia fundamental para definir un nuevo rumbo para el país.

Las declaraciones de los dirigentes rusos sintonizan cada vez más con nuestros llamados y nuestras demandas. Les recuerdo que, en la estrategia presidencial de seguridad nacional ya mencionada, se reconoce acertadamente que entre nuestros valores espirituales y morales tradicionales se encuentran “el trabajo creativo, la prioridad de lo espiritual sobre lo material, el humanismo, la misericordia, la justicia, el colectivismo, la asistencia mutua y el respeto mutuo”. ¡Pero estos son los cimientos del socialismo! ¡Y es de nuestro interés común volver a izar su victoriosa bandera roja sobre el país!

Debemos recordar los logros de los que fue capaz el sistema socialista. Y transmitir su memoria a la nueva generación cuya tarea histórica más importante es liberarse de las cadenas de una crisis cuyo origen principal para el mundo entero es el sistema de capitalismo mundial liderado por su dictadura neoimperialista anglosajona.

Hoy declaramos sin rodeos: el poder soviético, el poder obrero es la mejor defensa contra los adversarios externos y contra la traición de los intereses nacionales por parte de la “quinta columna”.

Fue la voluntad inquebrantable del pueblo lo que hizo posible la creación del Estado más grande de la historia hace 100 años: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y cuando esa voluntad fue traicionada y paralizada, posibilitó la destrucción criminal del país soviético, realizada contra los resultados del referéndum nacional, en el que 113 millones de personas -el 76% de los electores- votaron por el socialismo y la inviolabilidad de las fronteras soviéticas.

El desmoronamiento de la URSS y del socialismo mundial solo ha demostrado ser beneficioso para el capital transnacional, el establishment político occidental estrechamente asociado a él y los traidores corruptos dentro de nuestro país. Las “élites” occidentales salvaron al sistema capitalista, que se deslizaba hacia el abismo, mediante aventuras militares, la destrucción de la economía socialista autosuficiente, la conquista de nuevos mercados y la transformación de Estados prósperos en apéndices de materia prima.

Los nefastos objetivos de quienes se beneficiaron de la destrucción del poder soviético se reflejan en las memorias del eminente científico y patriota ruso Alexander Zinoviev. Relató una conversación notable que tuvo lugar a fines de la década de 1990: “Poco antes de regresar a Rusia, conocí a una figura famosa de la Guerra Fría y me dijo sin rodeos: ‘Los destruiremos, a ustedes los rusos, pero solo con métodos humanos’. La división global del trabajo, el libre comercio, el sabotaje financiero, la servidumbre por deudas, las sanciones económicas, los bloqueos, el hambre, las drogas, el SIDA, la planificación familiar, la corrupción espiritual y, en el peor de los casos, los bombardeos selectivos y bombardeos de saturación”.

El 23 de julio de 1991, unos meses antes de los Acuerdos de Belovej, que legalizaron la liquidación de la URSS, el periódico La Rusia soviética publicó el Llamamiento al pueblo, firmado por mí y un grupo de dirigentes industriales, culturales y militares con autoridad y conocidos en todo el país. Hicimos un llamado a la sociedad: “Digamos ‘no’ a los destructores e invasores. Terminemos nuestra retirada hasta la última línea de resistencia. Estamos iniciando un movimiento nacional, llamando a nuestras filas a aquéllos que han reconocido el terrible ataque que se ha abatido sobre el país… Todos los que estáis allí, en los pueblos y aldeas, en las estepas y bosques, al borde de los grandes océanos que baña la tierra, ¡despertad, levantaos para unir y repeler a los destructores de la patria!”

Hace treinta años, aquéllos de quienes dependía la salvación del Estado soviético no nos escucharon. ¡Espero que éstos de quien hoy depende la seguridad de Rusia, el bienestar y la dignidad de nuestro pueblo, escuchen el nuevo llamado a la transformación de la Patria bajo las banderas del patriotismo, la unidad y el socialismo renovado!

En febrero de 2021, se celebró en Orel la conferencia científico-práctica internacional «La imagen del futuro», que preparamos activamente. Sus principales conclusiones fueron la completa bancarrota del sistema capitalista en Rusia y el mundo y la necesidad fundamental de volver a los principios socialistas de gobierno y desarrollo socioeconómico.

De esta constante histórica brotan las más importantes demandas de las fuerzas patrióticas de izquierda, reflejadas en nuestro programa y respondiendo a los intereses de la mayoría absoluta, las tareas de conservación del pueblo, su renacimiento espiritual y moral. Es la nacionalización de industrias estratégicamente importantes. La restauración del sistema de planificación en todos los ámbitos sociales y económicos. El restablecimiento de la actividad en toda regla de industrias como la construcción aeronáutica, robótica, electrónica, construcción de máquinas-herramienta, ingeniería energética y metalurgia, bajo control estatal. Máxima atención para el desarrollo de la agricultura y la seguridad alimentaria.

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En nombre del Programa para la Victoria

Hace cien años, ocurrió un evento clave en la historia de la humanidad. En su significado, no fue menos importante que el paso de la humanidad del salvajismo a la civilización, la invención del lenguaje escrito o el impulso espiritual del Renacimiento.

La creación de una familia de pueblos iguales, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, fue un evento de importancia histórica mundial. Encarnó las mayores esperanzas de los pensadores y visionarios de varios milenios. Reflejaron el sueño de una sociedad justa y una hermandad capaz de lograrlo todo, desde conquistar los océanos y el espacio hasta derrotar a las fuerzas más oscuras del mal.

El salto al futuro de nuestros padres y abuelos no se dio solo. Fue preparado por la lucha desinteresada de generaciones de creadores y héroes, desde Radishchev y Pestel, Herzen y Chernyshevsky hasta los valientes de Narodnaya Volya [La Voluntad del Pueblo] y los inflexibles bolcheviques, que no temían ni la persecución, ni el trabajo duro, ni el patíbulo. La base ideológica del proyecto soviético fue puesta por la ciencia marxista, enriquecida por el genio visionario de Lenin, el trabajo incansable de Stalin y la increíble energía de millones de comunistas.

La formación de la sociedad soviética fue imposible sin los pilares espirituales y morales de la gran cultura rusa con su inherente búsqueda de la verdad, el amor al hombre del pueblo, el deseo de transformación de la patria sobre la base de la amistad entre los pueblos y justicia. Realizando su hazaña creativa, realizando su avance cultural, creando la URSS, implementando el programa de la Victoria, los bolcheviques confiaron plenamente en las grandes obras de Pushkin y Lermontov, Belinsky y Dostoyevsky, de Tolstoy y Nekrassov, en todo el estrato de nuestra literatura profundamente humanista, en su comprensión filosófica de la vida.

La fuerza de sus “raíces” determinó la fuerza y la belleza del poderoso “árbol” estatal que era la URSS. Su savia vital ha sido extraída de la sabiduría de siglos y de la energía de las nuevas generaciones. Así nació un avance sin precedentes en la historia. Sectores industriales creados desde cero, logros científicos sin precedentes, el acceso al espacio han sido los hitos de un avance grandioso.

Pero no se trataba de progreso en aras de buenas estadísticas. Y los récords no se establecieron por el bien de los récords. La existencia misma del poder soviético, todas sus victorias y logros han servido al hombre. El pueblo trabajador, su bienestar, su desarrollo integral se convirtieron en el objetivo por el que la Unión Soviética luchó, superó las dificultades, se lanzó hacia el futuro.

Y el hombre soviético, el hombre de la nueva era, el hombre-creador, respondió a su patria socialista con amor y devoción. Sufrió en la construcción de Magnitogorsk y la central hidroeléctrica Dnieper. Se jugó la vida y luchó contra el fascismo en los frentes de la Gran Guerra Patria. Mirando hacia el futuro, restauró desinteresadamente la economía nacional de su amada patria.

Contrariamente a las fabricaciones de los enemigos del poder soviético, nuestra querida Patria no estaba condenada al colapso. Estaba en la cima de su fuerza, tenía capacidad para superar dificultades temporales, había acumulado un gran potencial para nuevos logros y victorias. Pero el sólido tronco del Estado milenario estaba siendo socavado desde dentro. Cubriendo sus acciones criminales con la demagogia de la perestroika y la glasnost, pervirtiendo la doctrina marxista-leninista, arrastrando por el lodo a grandes personalidades, doblegándose a las payasadas de la burguesía, estos parásitos llevaron al país a la ruina. Conscientemente o no, estaban cumpliendo la orden del capital mundial que, desde el nacimiento del Estado soviético, había estado contando las ganancias perdidas y temblaba por su futuro.

El surgimiento de un orden mundial alternativo amenazaba directamente los planes imperialistas de dominación planetaria y eterna. La oligarquía burguesa mundial no escatimó esfuerzos para destruir la URSS. Para ello nos envió escuadrones de intervencionistas y proporcionó los colaboradores de la Guardia Blanca. Fue ella quien alimentó el fascismo, deseando que Hitlers y “Führers” de menor envergadura derrotaran a nuestro país. Ella inició la Guerra Fría, tratando de estrangular a la URSS con bloqueos y cordones de bloques militares agresivos. Formó una «quinta columna», compuesta por Gorbachov y Yakovlev, Yeltsin y Shevardnadze, Gaidar y Chubais y una multitud de compinches.

El crimen fue consumado. El brillante proyecto soviético del siglo XX fue estrangulado. Las esperanzas de justicia, paz y progreso social de miles de millones de habitantes del planeta se tambalearon al mismo tiempo que la URSS. Los pigmeos traidores bailaron sobre el árbol gigante abatido, llamándolo “una anomalía de la naturaleza”. Siguen repitiendo que Lenin es culpable de la “destrucción del Estado ruso”, mientras saquean y viven de la enorme herencia creada por sus preceptos.

Estéril, desprovisto de conciencia y potencial creativo, el poder burgués no pudo hacer avanzar al país y lo condenó a la degradación. Rusia sobrevivió gracias a los yacimientos de petróleo y gas explorados durante la era soviética. Tenía peso en el mundo gracias al escudo nuclear antimisiles creado por el pueblo soviético. El régimen ha parasitado todo esto, sin olvidarse de lanzar venenosas picas antisoviéticas. Símbolo de su pérdida de adecuación, la Rusia capitalista se sorprendió de no poder siquiera abastecerse de clavos.

Por desgracia, la herencia soviética se agota. Al mismo tiempo, aumentaba el apetito del capital mundial, que debía aplacar sus propias crisis y contradicciones con una mayor expansión. Tarde o temprano, esto estaba destinado a conducir a un conflicto agudo. En su centro estaba Ucrania, que alguna vez fue la república soviética más desarrollada y próspera. Tras el colapso de la URSS, se convirtió en un gigantesco laboratorio de monstruosos experimentos de desindustrialización, destrucción de los fundamentos morales y éticos, resucitación del banderismo y el fascismo.

En las estepas de Donetsk y en las orillas del Dnieper, hoy se juega el destino de Rusia y el destino de Europa y Asia. Debemos admitir que nuestro país tuvo que entrar en este conflicto sin su potencial anterior. Una operación militar de tal magnitud requiere la fortaleza no sólo de las fuerzas armadas, sino de todo el sistema económico, social, educativo y cultural. El tren blindado no aguantará sobre raíles liberales oxidados. Y esto independientemente de la potencia de los cañones y la precisión de los misiles que lo equipan.

Los bolcheviques, encabezados por Lenin y Stalin, sabían perfectamente cómo actuar en caso de emergencia. Por lo tanto, construyendo el Ejército Rojo y buscando fortalecer la defensa, emprendieron vigorosamente el plan GOELRO, llevaron a cabo la industrialización, la colectivización y la revolución cultural. Abrieron universidades e institutos científicos. Esto es lo que aseguró nuestra victoria sobre la Alemania de Hitler y el Japón militarista.

Por supuesto, es posible ponerse al día incluso hoy. Pero esto requiere un enorme esfuerzo y la movilización de todos los recursos. Requiere una fuerte voluntad del Estado y el apoyo incondicional de las masas. Y solo pueden estar unidos en torno a un gran proyecto con visión de futuro.

Rusia puede alejarse del umbral de la muerte y erigir una fuerte barrera contra la agresión externa solo abandonando el vicioso camino liberal. Resolverá este problema histórico mundial si rechaza las quimeras venenosas del anticomunismo y el antisovietismo. Avanzará si deja de engatusar a la oligarquía y vuelve la cara a los trabajadores.

¡Qué importante es, después de todo, que tengamos este maravilloso y grandioso ejemplo: la experiencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas! Un ejemplo vivificante, creado para siempre. Esta experiencia todavía nos inspira hoy. Gracias a esta experiencia, la humanidad no degeneró, no se convirtió en un campo de concentración estadounidense.

Siempre habrá seguidores de tal experiencia. Y tenemos la prueba. Ahí está la abuela valiente con una bandera roja, que se enfrentó a los bandidos nazis. Son los jóvenes que se unen al movimiento comunista. Es una Cuba fraterna, que defiende su revolución sometida al dictado de sanciones diabólicas. Ésta es la China socialista con su victoria sobre la pobreza masiva y su impresionante programa espacial.

La URSS está combatiendo y sigue con nosotros. Ella todavía vive aquí hoy, cerca, como prototipo para nuevas victorias. Como el épico Svyatogor, listo para transmitir su fuerza al nuevo héroe: Ilya Muromets. ¿Será la Rusia del futuro tal héroe? ¿Será capaz de luchar contra bandidos de todo tipo, contra los ruiseñores-bandidos, para salir victoriosa? Depende de cada uno de nosotros. Depende de nuestra capacidad para implementar el Programa de la Victoria.

Estamos convencidos de que aún hoy el socialismo es capaz de salvar a Rusia de la degradación, la destrucción y todas las maquinaciones hostiles. ¡La excepcional historia de nuestra Patria prueba que, a partir de la experiencia de la construcción socialista, de los ejemplos únicos de la modernización leninista-estalinista y de la práctica mundial, nuestro pueblo podrá realizar una nueva gesta de renacimiento y recuperar el derecho a un desarrollo digno y a un gran porvenir!

¡Ánimo, mis camaradas y amigos!

Fuente : https://PCFR.ru/party-live/cknews/210053.html – 20 de abril de 2022, via Union proletaria

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