«No puedo renunciar a mis principios», Nina Andreieva, comunista rusa, contra la Perestroika. (12 de octubre de 1938/24 de julio 2020)


No puedo renunciar a mis principios» es un artículo en forma de carta escrito por Nina Andreieva, una profesora universitaria de Leningrado que alzó la voz para criticar a la perestroika de Gorbachov y el resto de revisionistas reaccionarios que, finalmente, acabaron con la Unión Soviética. Después, presidiría un grupo marxista-leninista llamado Edinstvo, Unidad.
En 1988 escribió su artículo desencadenó la polémica en la Unión Soviética y que recibió numerosos apoyos. La carta de Nina Andreieva, simboliza la existencia de la fuerte oposición a la perestroika en la URSS.
su artículo fue publicado en el periódico Leningradski Rabochi con un círculo limitado de lectores.

Andreeva apeló a la prensa soviética, empezó a enviar textos a periódicos de mayor alcance, inclusive al Pravda. Su persistencia dio frutos cuando el Sovietskaya Rossiya publicó su carta, conocida mundialmente como No puedo renunciar a mis principios. La cual cimbró el debate político en la URSS, movilizando el nefasto Alexandr Yákovlev (entonces responsable de ideología del PCUS, conocido como la eminencia gris de la perestroika y la nueva mentalidad) al aparato para responder.
Recordemos que apenas el 4% de los ciudadanos soviéticos se declararon a favor del fin de los controles de precios y solo el 18% a favor de la propiedad privada, y más del 70% votaron por el mantenimiento de la URSS en el referéndum de 1991 a pesar de ciertas dificultades (ref: Michael Ellman y Kantorovich- La destrucción del sistema económico soviético, 1998).

El historiador británico J. McDougall: «La política memorial es hoy mucho más rentable en Francia que en Argelia»


Una historia de Argelia es un requisito previo para comprender los resortes de la manipulación ideológica en torno a la historia de la nación argelina. Una gran obra que se beneficiaría de ser traducida al francés ya que ilustra, por los hechos –y esto es una vergüenza– la sociedad francesa.
Fueron los nacionalistas argelinos quienes crearon la nación argelina, al querer hacer de su sociedad, que ya existía, una comunidad política, cuyo derecho a la soberanía había sido negado. Y lo hicieron completamente contra la voluntad de Francia y contra una furiosa represión.
Sin duda, Francia inventó “su” Argelia (francesa). Lo que es más cierto es que Argelia, como unidad territorial tal como existe hoy, es de hecho el legado de las divisiones espaciales de la era colonial.

La nouvelle guerre mondiale c’est ce qu’on a sous le nez.


Il semblerait que les guerres qui se déroulent en ce moment ne soient pas des guerres ou ne soient pas mondiales, malgré le fait que les États-Unis ont leurs bases militaires réparties dans le monde entier et, surtout, dans certaines parties du monde.
Par exemple, la Syrie est un pays occupé militairement par les États-Unis et la Turquie, et régulièrement bombardé par Israël, qui occupe également les hauteurs du Golan.
Nous sommes dans une guerre mondiale permanente parce que les États-Unis et leur bras d’exécution, l’OTAN, l’ont imposé de cette façon.
Comme tous les voyous, Stoltenberg et ses sbires sont des grandes gueules qui vivent de l’intimidation permanente des plus craintifs. Ni l’OTAN ni les États membres ne peuvent avoir ou maintenir 300 000 soldats en attente.
Les membres de l’OTAN ne disposent que de quelques troupes capables d’aller immédiatement au front. La guerre d’Ukraine montre qu’ils n’ont même pas assez de munitions et d’armes pour une guerre à l’ancienne contre un adversaire comme la Russie ou la Chine.
L’OTAN est une relique de la guerre froide, un appareil politique qui reste en place pour que les États-Unis puissent contrôler l’Allemagne et, à travers elle, l’Europe. Le prétexte a toujours été «l’expansionnisme soviétique» et n’a pas changé depuis, bien qu’il n’y ait jamais eu d’expansion autre que celle de l’OTAN elle-même.
Son rôle est plus policier que militaire. Ce que la guerre d’Ukraine démontre, c’est que l’OTAN n’entrera jamais dans des guerres qu’elle ne peut pas gagner grâce à une supériorité écrasante de forces. Biden n’a pas envoyé de troupes en Ukraine, mais il en a envoyé en Somalie. Ce qui change, c’est l’adversaire.